martes, 9 de noviembre de 2010


El ciclo del agua
 Se pudiera admitir que la cantidad total de agua que existe en la Tierra, en sus tres fases: sólida, líquida y gaseosa, se ha mantenido constante desde la aparición de la Humanidad. El agua de la Tierra - que constituye la hidrósfera - se distribuye en tres reservorios principales: los océanos, los continentes y el ciclo hidrológico. El movimiento del agua en el ciclo hidrológico es mantenido por la energía radiante del sol y por la fuerza de la gravedad.
El ciclo hidrológico se define como la secuencia de fenómenos por medio de los cuales el agua pasa de la superficie terrestre, en la fase de vapor, a la atmósfera y regresa en sus fases líquida y sólida. La transferencia de agua desde la superficie de la Tierra hacia la atmósfera, en forma de vapor de agua, se debe a la evaporación directa, a la transpiración por las plantas y animales y por sublimación (paso directo del agua sólida a vapor de agua). 

La cantidad de agua movida, dentro del ciclo hidrológico, por el fenómeno de sublimación es insignificante en relación a las cantidades movidas por evaporación y por transpiración, cuyo proceso conjunto se denomina evapotranspiración.
El vapor de agua es transportado por la circulación atmosférica y se condensa luego de haber recorrido distancias que pueden sobrepasar 1,000 km. El agua condensada da lugar a la formación de nieblas y nubes y, posteriormente, a precipitación.
La precipitación puede ocurrir en la fase líquida (lluvia) o en la fase sólida (nieve o granizo). El agua precipitada en la fase sólida se presenta con una estructura cristalina, en el caso de la nieve, y con estructura granular, regular en capas, en el caso del granizo.
La precipitación incluye también incluye el agua que pasa de la atmósfera a la superficie terrestre por condensación del vapor de agua (rocío) o por congelación del vapor (helada) y por intercepción de las gotas de agua de las nieblas (nubes que tocan el suelo o el mar).
El agua que precipita en tierra puede tener varios destinos. Una parte es devuelta directamente a la atmósfera por evaporación; otra parte escurre por la superficie del terreno, escorrentía superficial, que se concentra en surcos y va a originar las líneas de agua. El agua restante se infiltra, esto es penetra en el interior del suelo; esta agua infiltrada puede volver a la atmósfera por evapotranspiración o profundizarse hasta alcanzar las capas freáticas.
Tanto el escurrimiento superficial como el subterráneo van a alimentar los cursos de agua que desaguan en lagos y en océanos.
La escorrentía superficial se presenta siempre que hay precipitación y termina poco después de haber terminado la precipitación. Por otro lado, el escurrimiento subterráneo, especialmente cuando se da a través de medios porosos, ocurre con gran lentitud y sigue alimentando los cursos de agua mucho después de haber terminado la precipitación que le dio origen.
Así, los cursos de agua alimentados por capas freáticas presentan unos caudales más regulares.
Como se dijo arriba, los procesos del ciclo hidrológico recurren en la atmósfera y en la superficie terrestre por lo que se puede admitir dividir el ciclo del agua en dos ramas: aérea y terrestre.
El agua que precipita sobre los suelos va a repartirse, a su vez, en tres grupos: una que es devuelta a la atmósfera por evapotranspiración y dos que producen escurrimiento superficial y subterráneo. Esta división está condicionada por varios factores, unos de orden climático y otros dependientes de las características físicas del lugar donde ocurre la precipitación.
Así, la precipitación, al encontrar una zona impermeable, origina escurrimiento superficial y la evaporación directa del agua que se acumula y queda en la superficie. Si ocurre en un suelo permeable, poco espeso y localizado sobre una formación geológica impermeable, se produce entonces escurrimiento superficial, evaporación del agua que permanece en la superficie y aún evapotranspiración del agua que fue retenida por la cubierta vegetal. En ambos casos, no hay escurrimiento subterráneo; este ocurre en el caso de una formación geológica subyacente permeable y espesa.
La energía solar es la fuente de energía térmica necesaria para el paso del agua desde las fases líquida y sólida a la fase de vapor, y también es el origen de las circulaciones atmosféricas que transportan el vapor de agua y mueven las nubes.
La fuerza de gravedad da lugar a la precipitación y al escurrimiento. El ciclo hidrológico es un agente modelador de la corteza terrestre debido a la erosión y al transporte y deposición de sedimentos por vía hidráulica. Condiciona la cobertura vegetal y, de una forma más general, la vida en la Tierra.
El ciclo hidrológico puede ser visto, en una escala planetaria, como un gigantesco sistema de destilación, extendido por todo el Planeta. El calentamiento de las regiones tropicales debido a la radiación solar provoca la evaporación continua del agua de los océanos, la cual es transportada bajo forma de vapor de agua por la circulación general de la atmósfera, a otras regiones. Durante la transferencia, parte del vapor de agua se condensa debido al enfriamiento y forma nubes que originan la precipitación. El regreso a las regiones de origen resulta de la acción combinada del escurrimiento proveniente de los ríos y de las corrientes marinas

martes, 2 de noviembre de 2010


EL AGUA BAJA A RAZON DE 1,5 CENTIMETROS POR DIA 
El dique alcanzó ayer la costa más baja de toda su historia
“En este momento no se está restringiendo la provisión, pero es claro que el consumo en Bahía Blanca es altísimo: el agua no se cuida y acaso sea hora de ir tomando algunas medidas”, dijo Jorge Miconi, jefe del dique.

Las autoridades del embalse informaron que el agua baja a razón de 1,5 centímetros por día, en promedio. (Pablo Presti-LNP)
Exactamente a 8,37 metros por debajo de su cota máxima se ubicaba, en la mañana de ayer, el embalse del complejo hídrico de Paso de las Piedras, medida que es la más baja de la historia del lugar, a excepción de la registrada en 2000, cuando por razones operativas debió procederse al vaciado parcial del lago.
La cota medida a primera hora del último lunes fue de 156,27 metros, lo cual significa un descenso de 27 centímetros respecto de la medida 20 días atrás (156,54) y de 83 centímetros con referencia a la del 31 de diciembre de 2008 (157,10).
Consultado el ingeniero Jorge Olaizola, gerente de Aguas Bonaerenses SA (ABSA) en nuestra ciudad, reconoció que, si bien por ahora la situación no es de riesgo, podrá adquirir esas características en caso de seguir la baja.
“La situación comienza a tornarse bastante difícil, en razón de que el lago ha perdido más de 8 metros respecto de su cota máxima”, remarcó.
Acerca de una posible restricción del servicio, el profesional señaló que esa decisión no le corresponde a su empresa sino la Autoridad del Agua (ADA).
“Ellos tienen el manejo de la reserva de agua y son quienes definen las posibles restricciones si consideran que el nivel del lago comienza a ser crítico”, explicó.
En otro orden, señaló que, en la actualidad, ABSA sigue extrayendo la máxima capacidad que puede potabilizar y conducir, lo cual significa que el servicio no se ha resentido.
“De todas maneras, seguimos con atención el proceso de descenso de la cota, el más importante que ha tenido el dique en los últimos tiempos”, remarcó.
Respecto de la Autoridad del Agua, no es tarea simple obtener una apreciación de la situación. Por un lado, porque a la fecha la empresa no ha designado un responsable de esa entidad en nuestra ciudad, desde la renuncia, ocurrida apenas iniciado el corriente año, del ingeniero Juan Carlos Scheffer.
Esto obliga a consultar en La Plata a la oficina del presidente de la entidad, ingeniero Raúl López, pero al encontrarse de licencia hasta la semana entrante, se informó a “La Nueva Provincia” que no se podía suministrar una lectura técnica de la situación.
Mientras tanto, el jefe del dique Paso de las Piedras, Jorge Miconi, confirmó a este diario la baja promedio de 1,5 centímetros que viene experimentando diariamente el lago este año, aunque se esperanzó en que el régimen de lluvias de los tres meses venideros ayudará a mejorar esa situación.
“En este momento no se está restringiendo la provisión, pero es claro que el consumo en Bahía Blanca es altísimo; el agua no se cuida y acaso sea hora de ir tomando algunas medidas”, señaló Miconi, quien aclaró que esa era una apreciación personal, en razón de sus más de 30 años trabajando en el lugar.
“No son estos tiempos de regar las veredas o desperdiciar agua. Nuestra ciudad tiene un consumo promedio de 600 litros por día por persona, casi el doble de la media de la provincia”, remarcó.
Consultado sobre si había recibido algún tipo de instrucciones sobre la cuestión desde la ADA, señaló que a la fecha no había tenido ningún tipo de indicaciones al respecto.
Datos de peso
* Cota máxima del lago: 165 metros.
* Cota al lunes 23 de febrero: 156,27 metros.
* Cota histórica mínima: 154,40 metros, en 2000 (cuando el lago fue vaciado por razones operativas).
* Capacidad máxima del lago: 327 hectómetros cúbicos (hm3).
* Volumen de líquido actual: 120 hm3.
* Consumo diario de agua por habitante en Bahía Blanca: 600 litros.
* Consumo medio en la provincia: 300 litros.
Corre riesgo el inicio del ciclo lectivo
Anormal suministro a las escuelas
La presidenta del Consejo Escolar, María Gabriela Costa (FPV-PJ) informó ayer en la sesión semanal del cuerpo, que en la reunión que la semana pasada se realizó en Mar del Plata con autoridades de la DGCyE, Bahía Blanca hizo hincapié en que los problemas derivados del escaso suministro de agua en las instituciones podría poner en riesgo de inicio del ciclo lectivo 2009.
Por tal motivo, puso el acento en la urgente construcción de cisternas para dar solución al tema, por lo menos en las escuelas con mayor cantidad de matrícula.
Según explicó Costa, los establecimientos locales no están ajenos a la crítica situación que atraviesa la ciudad desde hace tiempo.
En el último año se multiplicaron los pedidos de las instituciones de todos los niveles para que se construyan tanques-cisternas, a fin de evitar la suspensión de las clases por falta del servicio, hecho que resultó recurrente, especialmente en muchos jardines de infantes.
En octubre pasado y debido a las altas temperaturas, una decena de establecimientos suspendieron total o parcialmente la actividad y en noviembre, varias secundarias permitieron que los alumnos que habían aprobado materias se retiraran antes, a fin de limitar el consumo.
Además, el organismo educativo duplicó la inversión en materia de agua potable entre octubre y diciembre.
La EPB Nº 65, de calle Undiano, solicitó el año pasado una cisterna, para la cual el CE analiza un presupuesto superior a los 14 mil pesos.
Dicha institución padeció, desde alrededor de septiembre, de escasa presión de agua a media mañana y a media tarde, y ya en el último recreo de cada turno no había líquido para la descarga de los depósitos de los inodoros ni para el consumo de los niños. Allí cursan 240 chicos, de entre 6 y 12 años.
Casi diez cisternas se realizaron el año último, con presupuestos que rondaban los 10 mil pesos cada una. (LNP) 

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lunes, 25 de octubre de 2010

Los ríos amazónicos y la diversidad de vida

Si hay algún gran mensaje que el estudio de la ecología puede dejar a un naturalista, es que la biodiversidad es la piedra angular de la naturaleza. La cuenca amazónica es, ante todo, la mayor celebración de diversidad en el planeta. A lo largo de cientos de millones de años, las condiciones ambientales han propiciado un significativo incremento en el número de especies sobre la Tierra. Aún no es clara la forma exacta cómo se produjo este fenómeno; sin embargo, es muy posible que la predominancia de climas húmedos y cálidos, al menos en buena parte de la Amazonía, haya jugado un papel fundamental en este proceso.

Si observamos con detenimiento las sutiles huellas del tiempo en el paisaje amazónico, veremos grandes ríos labrando sus cauces y bosques lluviosos expandiéndose y contrayéndose al ritmo de los cambios climáticos y los procesos evolutivos de los grandes ecosistemas que definió, desde siempre, el mayor sistema fluvial de la Tierra.

Todos estos factores, unidos a otros menos evidentes, colaboraron en la formación de nuevas especies. Dicho en palabras más sencillas, la cuenca amazónica es como una gran casa con espacio ilimitado para la evolución e ingreso de nuevos huéspedes. La llave de esta "casa ecológica" son las plantas con flores y la puerta que abrieron es la mayor manifestación de diversidad en nuestro planeta: la selva tropical.

Los ríos amazónicos equivalen a los hilos que, en conjunto, permiten tejer la base del gran tapiz de los ecosistemas poseedores de la mayor profusión de vida. El reflejo de los majestuosos árboles sobre las quietas aguas de un lago puede ser comparado a una metáfora, en el sentido literal y ecológico, que gráfica la estrecha relación entre los bosques tropicales y los ríos.

Las vastas llanuras inundables de la Amazonía son el escenario donde los bosques y los ríos desarrollan este singular vínculo. Añaden complejidad a este mundo siempre cambiante los diversos tipos de ríos amazónicos, las enormes extensiones de humedales cubiertos por plantas flotantes y la accidentada geografía de las cabeceras de las cuencas, la misma que origina diversos regímenes de fluctuación en el nivel de las aguas.

Las plantas y animales que dependen de los ríos amazónicos y sus llanuras inundables han aprendido a sobrevivir en este ambiente marcado por cambios constantes pero, al mismo tiempo, previsibles en el corto plazo. Esa es quizá una de las razones por las que la diversidad alcanza tan alto nivel en estas áreas.

Como consecuencia de tal complejidad, ninguna especie logra dominar completamente un determinado espacio o fuente de recursos. Aquí la consigna es, simplemente, coexistir. Tomando en cuenta estos principios, intentaremos explorar algunas de las facetas más importantes de este mundo dinámico e ilimitadamente complejo, conocido como el sistema fluvial de la Amazonía del Perú.
[editar] Flora

Con casi 30.000 especies descritas, un tercio de las especies de Sudamérica, la cuenca amazónica es cosiderada como poseedora de la mayor diversidad vegetal del planeta. La mayoría de las especies vegetales que habitan las llanuras inundables son únicas y se encvuentran restringidas aeste peculiar ambiente. Asimismo, pocas especies de las tierras bajas existen también en las zonas altas tipo terra firme, lo que contribuye a incrementar la diversidad de la flora amazónica.

Las especies de la llanuras inundables han desarrollado adaptaciones especiales para sobrevivir a los prolongados períodos bajo el agua. Ello, en parte, explica las marcadas diferencias de estas plantas con sus parientes de las regiones de terra firme.

Si bien no existen cálculos exactos acerca del total de especies de plantas en las llanuras inundables amazónicas, se sabe que, por ejemplo, el área inundable del río Manu cuenta con más de 1.400 especies. Un estimado razonable nos lleva a calcular que existen, al menos, 5.000 especies vegetales de llanura inundable o de riberas. Los factores que más influyen en la distribución de estas plantas y en la composición de sus comunidades son la geología y las caractrísticas de los ríos que las cubren. Las llanuras inundables de los ríos de "aguas blancas", por ejemplo, difieren marcadamente de las de "aguas negras", tanto en composición de especies como en el tamaño de las mismas. Los primeros generan bosques más altos, quizá como consecuencia de la mayor cantidad de nutrientes acarreados por los ríos en comparación con los ríos pobres y de "aguas negras" generados por suelos arenosos.

tipos de bosques Existen diversos términos empleados por los pobladores locales para designar los diferentes tipos de bosques inundado. Uno de ellos es igapó, referido generalmente a aquellos cubiertos estacionalmente por ríos de "aguas negras" o cristalinas. Los bosques tipo varzea son inundados, a su vez, por ríos de "aguas blancas".

Si bien los bosques son piezas fundamentales en la biodiversidad vegetal de las llanuras inundables, las comunidades de [gramínea]]s, jacintos de agua y otras especies herbáceas son importantes también debido a su alta productividad y su abundancia en las zonas de "aguas blancas".

A diferencia de los árboles, la mayoría de las hierbas acuáticas requieren altos niveles de nutrientes, ya sea en la tierra o el agua, para sobrevivir. Muchas de ellas flotan libremente sobre la superficie y, en el caso de ciertos pastos, son capaces de desprenderse del substrato cuando la profundidad de las aguas se incrementa de manera significativa (evitando así ahogarse). La flotabilidad, por supuesto, es la adaptación que permite a estas plantas manejar los cambiantes niveles del agua, además de lograr un éxito considerable en su dispersión natural.

Las comunidades de plantas herbáceas se han expandido considerablemente en las últimas décadas, en parte, gracias a la creciente deforestación de las riberas. Cuando el bosque es removido, las condiciones de luz varían significativamente, lo que permite a estas plantas colonizar el nuevo espacio. Así, su número aumenta en detrimento de la diversidad general.

Los ríos y sus llanuras inundables tienen una importancia extraordinaria en la ecología de la cuenca amazónica. Sabemos bastante más acerca de los vertebrados que de los invertebrados; sin embargo, no hay duda de que el grupo de los insectos es el más variado y diverso entre los encontrados en estas zonas.

Al parecer, las llanuras inundables actuaron como "refugios temporales" para muchas especies de insectos del bosque durante los prolongados períodos de sequía que siguieron a las grandes glaciaciones de la era prehistórica.

Los bosques de tipo igapó han sido también centros de evolución durante muy largos períodos geológicos. Los insectos y otros invertebrados suelen migrar tanto hacia arriba como hacia debajo de los árboles, ya sea para escapar al efecto de las inundaciones como para colonizar nuevos lugares de alimentación durante la estación de sequía. Muchos depredadores, como las arañas, algunos monos y muchas aves, han aprendido a sacar provecho de las concentraciones de insectos y otras presas sobre las copas de los árboles durante los períodos de creciente.

tipos de bosques Los ríos amazónicos son un lugar ideal para aquellos interesados en la observación de la fauna silvestre, especialmente los vertebrados. Durante los períodos de creciente es posible navegar en canoa silenciosamente a través del bosque inundado, lo que permite excelentes posibilidades de avistamiento.

Ningún grupo animal es tan evidente como el de las aves. la cuenca amazónica es el albergue de, al menos, 950 especies de aves, lo que hace del gran valle del Amazonas la región más rica de la Tierra en este grupo de ciaturas. Por lo menos un tercio de estas especies vive o visita estacionalmente las llanuras inundables. Las hay que migran desde América del Norte y el extremo austral de Sudamérica, así como migrantes estacionales que pasan el año entre el bosque inundado y las zonas de terra firme.

Uno de los más sorprendentes ejemplos de aves especializadas en el uso simultáneo de estos dos ambientes es el protagonizado por los loros y guacamayos (a pesar de los severos efectos que la deforestación viene ejerciendo en sus patrones alimentarios). El guacamayo azul y amarillo (Ara ararauna), por ejemplo, anida en los pantanos dominados por palmeras de aguaje (Mauritia flexuosa) o aguajales, ubicados a algunos kilómetros de la llanura inundable. Durante el día estas aves vuelan hacia las riberas de los ríos y el bosque inundable para alimentarse de frutos y semillas. Sus vuelos en típica formación sobre los ríos, con sus brillantes colores contrastando con el cielo azul de los trópicos es, sin duda, una de las imágenes más impactantes de la Amazonía.

Este despliegue de belleza es, además, anunciado con potentes graznidos durante el atardecer, tiempo en que las aves retornan a sus dormideros en los aguajales o el bosque tipo terra firme para pasar la noche. El hecho de dormir y alimentarse en lugares diferentes y, a menudo, distantes, hace de los guacamayos presas menos accesibles a los depredadores. Adicionalmente, su morbilidad les permite trasladarse de un tipo de bosque a otro dependiendo de la disponibilidad de frutas y semillas. Un hecho interesante de su ecología es que se reproducen cuando los bosques de la llanura inundable se encuentra en plena fructificación, es decir, durante la estación de crecientes- Es quizá por ello que sean tan frecuentes sobre la selva inundada. Los guacamayos efectúan entre dos y tres viajes por día con el objeto de alimentar a sus polluelos, a salvo en la seguridad de los aguajales.

Dos de las aves más pecualiares de la Amazonía son el shansho y el pájaro sombrilla. estas especies raramente dejan la llanura inundable y es probable que hayan evolucionado junto con ella a lo largo del tiempo. El shansho (Ophistocomus hoazin) habita en las orillas de los lagos y ríos de "aguas blancas" y sus tributarios. Una de sus peculiaridades es la suma de adaptaciones anatómicas de las que hace gala. los polluelos, por ejemplo, poseen una suerte de "uñas" en las alas, de manera similar al Archaeopteryx, el ave fósil más conocida, lo que les permite subir a las ramas y retornar a sus nidos luego dse haber saltado al agua como medida de escape ante sus depredadores. Al crecer, las "uñas" se atrofian y carecen de función alguna.

Otra de las singularidades del shansho es su doble esófago (similar al de los rumiantes), diseñado para permitir al ave fermentar grandes cantidades de hojas, flores y frutos para facilitar su posterior digestión. Las hojas del arbusto Montrichardium, que crece en las zonas inundables, están entre sus predilectas. Los shanshos pueden ser fácilmente vistos y escuchados en los bordes de los cursos de agua del bosque inundable; sus toscos nidos, sin embargo, se ubican siempre en ramas que penden sobre el agua.

A diferencia del shansho o hoazin (Opisthocomus hoazin), los pájaros sombrilla ([[Cephalopterus ornatus]]) prefieren las copas de los grandes árboles de la llanura inundable, donde son más difíciles de observar. ostentan una gran cresta y una larga "barba" de plumas, las que son mucho más pronunciadas en los machos. Al igual que otras aves, los machos de pájaro sombrilla delimitan un área de unos 20 a 30 metros entre las ramas altas en la que efectúan sus exhibiciones o displays amorosos con el objeto de atraer la atención de las hembras. Inflan sus crestas y balancean sus barbas de lado a lado intentando cautivar a sus doncellas. Una vez que la hembra ha seleccionado un macho, vuelan juntos para anidar en el bosque inundable.

La Amazonía es, asimismo, pródiga en especies de aves de orilla como garzas, ibises, cigüeñas y gallaretas. Todas estas especies enfrentan hoy la grave amenaza de la deforestación masiva del bosque nundable, la caza y la recolección de sus huevos. Las garzas son sin duda, las aves de orilla más frecuentes y abundantes a lo largo de las tierras bajas de la cuenca amazónica. Una de ellas, la garza bueyera, una especie nativa del Viejo Mundo, colonizó la Amazonía entre las décadas de 1930 y 1940. Esta pequeña garza vive asociada al ganado, y se alimenta de insectos y ranas que estos animales ahuyentan a su paso. En algunas zonas de la cuenca, la garza bueyera se ha convertido en la especia dominante, desplazando a otras garzas nativas de sus lugares tradicionales de anidamiento.

La mayor parte de los mamíferos de la llanura inundable del Amazonas posee hábitos arbóreos. Entre ellos, los grupos más diversos son los roedores, murciélagos y primates. Las grandes ratas espinosas (pertenecientes al género Echimys), llamadas toró en el brasil debido al potente ruido que producen, viven en agujeros en los árboles y son activas durante la noche, en que sus ruidosas vocalizaciones son comunes. La ecología del resto de roedores de las tierras bajas, con excepción de los semiacuáticos ronsocos (Hydrochaeris hydrochaeris) es, hasta ahora, poco conocida.

La ecología de los ronsocos está estrechamente relacionada con la de la vegetación flotante y de ribera de las llanuras inundables, Viven en grupos familiares de hasta 20 individuos y pasan gran parte del día en las orillas alimentándose o descansando en las aguas bajas. En la actualidad, debido a la intensa caza de que son objeto, son raros a lo largo de los grandes ríos, donde han adaptado, además, hábitos nocturnos.

Casi todas las especies de primates de la Amazonía pasan, al menos, parte de su tiempo en los bosques inundables o ribereños. Tres de ellas, incluso, jamás dejan las zonas cercanas a los ríos. Una de estas especies es el leoncillo (Cebuella Pygmaea), el mono más pequeño del mundo, que cabe con facilidad en la palma de una mano. Viven en grupos familiares y se alimentan de la savia la resina de varias especies de árboles ribereños, además de insectos y frutas. Dos especies de huapos (géneros Pithecia y Cacajao) se encuentran también en la sección occidental de la Amazonía. A diferencia de las demás especies de primates del Nuevo Mundo, poseen sólo una pequeña cola que cuelga hacia abajo. Sin embargo, son tan ágiles como cualquiera de sus parientes de colas prensiles. La deforestación de los bosques ribereños y la caza ha diezmado a gran parte de las poblaciones de primates de tamaño grande y mediano de los principales ríos amazónicos. A consecuencia de ello, algunas especies pequeñas y adaptables como el mono fraile (Saimiri sciureus) ha incrementado su número. El secreto de su éxito radica en que pueden sobrevivir en pequeñas áreas boscosas y en purmas (bosques secundarios o alterados) o porque son demasiados pequeños como para ser considerados piezas de caza. Las especies más grandes, como cotos, maquisapas, machines y choros, son cada vez más raros en las llanuras inundables.

La Amazonía posee, además, algunas especies de grandes mamíferos acuáticos: dos delfines, un manatí y, al menos, dos especies de nutrias. El delfín rosado o boto (Inia geoffrensis) es el más primitivo de los delfines americanos y posee ancestros en el sureste asiático, el subcontinente indio y la costa argentina. Son casi ciegos y emplean la navegación por sonar para desplazarse a través de las aguas oscuras y repletas de obstáculos de los ríos amazónicos. A diferencia de los delfines marinos, poseen un cuello muy flexible. Ello les permite moverlo de lado a lado y lograr una emisión de ondas de sonar más amplia, obteniendo información detallada sobre su ambiente acuático. Esta habilidad, unida a la capacidad de emitir y procesar las ondas ultrasónicas en una estructura abultada, similar a un melón, ubicada sobre su cabeza, permite a los botos recorrer con destreza el laberinto de troncos y raíces del bosque inundado en busca de presas.

El delfín gris o tucuxi (Sotalia fluviatilis), emparentado estrechamente con los delfines marinos, es más pequeño y más velóz que el rosado. Esta especie tiene las vértebras cervicales soldadas, lo que le permite dar giros completos fuera del agua sin quebrarse el cuello. El delfín gris vasi no ingresa al bosque inundado, debido seguramente a la dificultad para para navegar entre la maraña de vegetación sumergida. Se alimenta de peces que caza tanto en los ríos como en los lagos del bosque inundable. Durante las grandes migraciones de peces, estos delfines forman grupos compactos de entre 20 y 30 animales que siguen a los cardúmenes en sus desplazamientos. Es poco frecuente que los delfines sean cazados por su carne, debido a que existen muchos mitos locales alredeor de sus hábitos y su relación con el hombre. Es común ver a los delfines rosados patrullando las redes colocadas por los pescadores y se dice que soin extremadamente hábiles en retirar las presas de las mallas. Por eso, los pescadores los matan ocasionalmente, aduciendo una competencia desleal.

El manatí (Trichechus inunguis), con un peso que varía entre los 350 y 500 kilogramos y una longitud de hasta tres metros, es el animal de mayor tamaño de la Amazonía. Vegetariano por excelencia, los adultos llegan a consumir hasta 50 kilos de plantas acuáticas al día. A despecho de su nombre común (vaca marina), los manatíes no son rumiantes y tienen muy poco que ver con las vacas verdaderas. A pesar de no contar con estómagos divididos en compartimentos como los bovinos, poseen intestinos muy largos, capaces de fermentar las grandes cantidades de material vegetal que consumen. Estos animales dependen en gran medida de las praderas de plantas acuçaticas y flotantes, las mismas que alcanzan su mçaxima expresiçon durante la temporada de crecientes. Antes de que sus poblaciones hayan sido severamente diezmadas por la caza, los manatíes deben gaber jugado un rol muy importante en el equilibrio y reciclaje de los cursos de agua de las llanuras inundables. El hecho de comer tanto, implica que estos amables gigantes defequen muchísimo, aportando grandes cantidades de nutrientes "reciclados" al ciclo del agua y beneficiando, entre otros, a una legión de especies de peces.

El hecho de que el manatí deba salir cada hora a respirar a la superficie convierte a este animal en presa fácil de los arponeros. De este modo, los manatíes fueron cazados intensamente desde la llegada de los europeos a la Amazonía. Sólo una empresa pesquera, manejada por la corona portuguesa en las cercanías de Santarem (Brasil) a mediados de la década de 1780, registró la escalofriante cifra de 1.500 manatíes muertos en sólo dos años. Aunque la caza de esta especie es ilegal en la actualidad, debido a que se encuentra al borde de la extinción, éste se efectúa de manera clandestina.
[editar] Reptiles

Los reptiles amazónicos que habitan los ríos y bosques inundables destacan por su abundancia, a pesar de haber sido intensamente cazados, que por su diversidad. Los cocodrilos del Nuevo Mundo incluyen a los caimanes, alligators y cocodrilos verdaeros. De ellos, sólo los primeros se encuentran enn la cuenca amazónica. Las dos especies de cocodrilos que habitan en el extremo norte de Sudamérica (el americano y el cubano no lograron colonizar lka Amazonía. No obstante, las selvas tropicales albergan algunos de los mayores miembros de esta familia primitiva. Es el caso del caimán negro (Melanosuchus niger), un gigante que llega a crecer hasta alcanzar los seis metros de longitud y que sólo se compara en tamaño con la anaconda. El caimán blanco (Caiman crocodylus), cuya longitud máxima varía entre los 2,5 y 3 metros es, de lejos, la especie más abundante.

Los lagartos negros se congregaron masivamente alguna vez en las playas de los grandes ríos amazónicos durante la temporada de vaciante. Hoy, a consecuencia de la persecución de que son objeto, sólo se les encuentra en los lagos y pantanos de la llanura inundable, principalmente en zonas protegidas o alejadas de los asentamientos humanos. El caimán blanco, en cambio, es más versátil y utiliza diversos tipos de hábitat, incluyendo los ríos de aguas correntosas de las vertientes andinas.

En general, los caimanes porefieren aguas cálidas y pasan gran parte del d´ñia calentándose en los bancos y orillas para mantener su temperatura interna ligeramente más alta que la de los ríos donde habitan. Eso tiene sus ventajas, ya que requieren menos alimento que otros animales de tamaño similar. A pesar de la imagen que las películas nos han formado de estos animales, los caimanes son depredadores poco agresivos que se alimentan de un amplio rango de presas que va desde los peces hasta pequeños mamíferos, pasando por insectos, aves, tortugas y ranas.

Se reproducen en el agua pero anidan en tierra durante la estación de vaciante (julio a septiembre). Sus nidos, montones de ramas, tierra y material vegetal, albergan entre 50 y 80 huevos (en el caso de los caimanes negros) y unos 30 en el de los blancos. La incubación toma entre 6 y 10 semanas, período durante el cual las hembras montan guardia en las cercanías del nido.

La depredación a gran escala de los caimanes se inició a principios del siglo XIX y tuvo como objetivo la obtención de aceite y no sus pieles. En aquellos tiempos, el aceite logrado a partir de la carne de los caimanes llegó a emplearse como sustituto del combustible diesel. Fue, sin embargo, el negocio generado más tarde por sus pieles, e incentivado por el auge en la industria de los taninos para curtiembre entre 1930 y 1940, lo que llevó a estos animales al borde de la extinción. En la actualidad la caza de caimanes está prohibida por la ley. A pesar de ello, ésta se practica en muchos lugares por deporte y como fuente de proteínas. En zonas donde cuentan con la protección necesaria, las poblaciones de este animal se recuperan con notoria rapidez.

Las tres especies más comunes de tortugas acuáticas de la Amazonía son: charapa (Podocnemis expansa), la taricaya (Podocnemis unifilis) y la teparo (Podocnemis sextuberculata). La charapa es la mayor tortuga de agua dulce del mundo y su comportamienmto recuerda más a sus ancestros marinos que a sus parientes de los ríos amazónicos. Como otras tortugas, anidan en grandes números en las playas y bancos arenosos formados durante la estación de vaciante. Estos lugares, conocidos por los brasileros como taboleiros, fueron alguna vez abundantes a lo largo de la cuenca amazónica. En la actualidad, la charapa ha sido casi eliminada de sus antiguos territorios debido a la caza por su carne y la intensa recolección de sus huevos. Sólo algunas poblaciones de este majestuoso reptil sobreviven en las zonas más inaccesibles y protegidas de la Amazonía, como la Reserva Nacional de Pacaya-Samiria.

Las charapas ponen en promedio unos 100 huevos (aunque posturas de hasta 180 no son raras en ciertos individuos). Sus nidos, excavados en la suave arena aluvial, llegan a tener un diámetro de metro y medio y una profundidad de un metro. Los huevos, de forma elíptica, toman unos 45 días para ser incubados por el calor del sol. los recién nacidos (conocidos localmente como charitos) emergen durante la noche y son altamente vulnerables. Por ello, su instinto los lleva a alcanzar presurosos la seguridad del río, donde deberán escapar de depredadores como los bagres.

El resto de tortugas acuáticas de la Amazonía anida de manera más o menos solitaria, empleando una variedad de hábitat que van desde las playas de arena hasta las orillas cubiertas de vegetación al borde de pantanos y lagunas.

Las tortugas acuáticas son animales omnívoros. Sin embargo, complementan su dieta con grandes cantidades de frutas y semillas que obtienen en el bosque inundado durante la estación de creciente. Las semillas del árbol de caucho (Hevea brasiliensis) y las de algunas legumisosas son, por ejemplo, las favoritas de la charapa.

Otras especies, como la mata-mata (Chelus fimbriatus), son mayormente carnívoras y emplean sus afiladas y poderosas mandíbulas para alimentarse de carroña. Se sabe que atacan también a los peces atrapados en las redes, inflingiéndoles grandes mordeduras que recuerdan a las de las pirañas.

El mayor y más eficaz depredador de las tortugas acuáticas es, sin duda, el hombre. Debido a la creciente popularidad de sus huevos y carne, los pobladores amazónicos iniciaron una captura a gran escala que comenzó durante los siglos XVIII y XIX, época en que sus huevos, de gran contenido oleico, fueron empleados como alimento y como combustible de lámparas y calentadores. La recolección de sus huevos continúa hasta nuestros días y es la principal causa de la constante reducción de sus poblaciones a lo largo de los principales ríos de la Amazonía. Pocos animales son tan buscados y alcanzan un mayor precio durante las festividades locales que la carne y huevos de tortuga. Quizá la reproducción en cautiverio en granjas sea la única esperanza para estos reptiles, alternativa que permitiría consevar a las tortugas al tiempo que brindaría beneficios al atender la demanda gastronómica local.

Las llanuras inundables de la Amazonía albergan a una gran diversidad de serpientes, representadas por las principales familias de este grupo de reptiles. La más famosa de todas es, sin duda, la anaconda (Eunectus murinus), una gigantesca boa que puede llegar a alcanzar los 11 metros de longitud. De tamaño algo menor a la pitón africana, la anaconda es más pesada y gruesa. Se les considera depredadores comunes en las llanuras inundables y su dieta abarca un amplio rango de presas: aves, otros reptiles, peces, y roedores. En zonas colonizadas por el hombre, donde las presas se hacen cada vez más escasas, las anacondas atacan pollos, patos y otros animales de corral.

Los dos grupos de serpientes venenosas de la Amazonía también están representadas en las llanuras inundables, donde son relativamente comunes. Las corales (Elapidae) son mayormente acuáticas y suelen habitar cerca de los cursos de agua. Las víboras (Viperidae) son principalmente terrestres y viven tanto en las tierras altas como en las zonas inundables e incluso las islas fluviales. Como otras serpientes de las tierras bajas, es probable que pasen la temporada de creciente encaramadas sobre las ramas de los árboles o en palizadas flotantes.

La gran mayoría de serpientes amazónicas, sin embargo, no son venenosas (familia Colubridae). Entre ellas cabe destacar a las comedoras de peces de los géneros Helicops e Hydrops, comunes en las zonas de vegetación flotante, y a las culebras Xenodon, que al verse amenazadas aplanan su cabeza y se yerguen desafiantes de manera similiar a las cobras del Viejo Mundo.

La cuenca amazónica es, a su vez, el hogar de más de 250 especies de ranas. Es sabido que unos cuantos kilómetros cuadrados de bosques tipo terra firme de los alrededores de Manaos albergan a unas 80 especies de batracios. Las llanuras inundables han sido menos estudiadas, pero las evaluaciones revelan que la diversidad de estos reptiles en un área similar varía entre 25 y 30 especies.

Una de las características más sorprendentes de las ranas amazónicas de las tierras bajas es que si bien su diversidad es alta, son pocas las especies eminentemente acuáticas. Las aguas tranquilas de las llanuras, pobladas de presas potenciales (como los insectos, podrían ser consideradas como el hábitat ideal para el desarrollo de estos animales, sin embargo, muchas de las ranas de la Amazonía viven lejos de ellas, incluso en lo alto de los árboles. Una de las razones de esto puede ser la enorme abundancia de peces en los cursos de agua amazónicos, muchos de los cuales son depredadores de ranas y sus renacuajos.
[editar] Peces
El paiche (Arapaima gigas) es el segundo pez de agua dulce del mundo. Supera los 3 metros de largo y llega a pesar hasta 250 kilos. Su pesca es depredatoria. Siendo el paz más grande el esturión beluga (Huso huso).

Es, sin duda, en el grupo de los peces que los ríos amazónicos alcanzan la mayor diversidad de vertebrados. Las especies de peces en los ríos y lagos de la llanura inundable superan en número al resto de grupos de vertebrados juntos, incluyendo a aquellos que habitan en las copas de los árboles. A pesar de las investigaciones llevadas a cabo en los últimos años, aún no existen estimados realistas acerca del número total de especies de peces presentas en la cuenca amazónica. La razón radica en el profundo desconocimiento de la ecología de muchos de sus tribitarios. La experiencia indica que cada vez que se investiga la fauna de un tributario, nuevas especies aparecen y deben ser añadidas a la lista.

Un estimado conservador coloca al número de peces amazónicos entre las 2.500 y 3.000 especies. Esa cifra de seguro se incrementará si las poblaciones geográficas son estudiadas al grado que lo han sido las de Norteamérica o Europa. Los expertos calculan, asimismo, que es poco probable que la totalidad de especies de peces de la Amazonía pueda ser descrita adecuadamente en los próximos 50 años, aún contando con todos los recursos disponibles para hacerlo.

La fauna ictiológica de la cuenca amazónica está compuesta por characinos, bagres, peces eléctricos o macanas y chíclidos, además de algunas familias muy antiguas y una amplia variedad de grupos derivados de ancestros marinos(como las rayas y achovetas).

Los characinos incluyen a grupos bien conocidos, como las pirañas, los pacos y gamitanas. Los bagres, por su parte, abarcan casi el 80% de las especies de peces conociidos. Una de las explicaciones a semejante diversidad es que los peces de la Amazonía han evolucionado hasta ocupar un número sorprendente de nichos ecológicos. De allí que existan especies de apenas diez milímetros de longitud y unos pocos gramos de peso al llegar a la adultez, mientras otras alcanzan más de tres metros de largo y 250 kilos de peso.

Una de las características más fascinantes de la ecología de los peces amazónicos es su estrecha dependencia con los bosques donde habitan. El sistema fluvial del Amazonas es famoso por el alto número de peces que se alimentan de frutos y semillas. Durante la estación de creciente los ríos se desbordan, permitiendo que los peces ingresen al bosque y obtengan abundante alimento, además de lugares para guarecerse y reproducirse. Una de las ventajas de ello es que los peces colaboran activamente en la dispersión natural de las especies vegetales de las que se alimentan.

Durante la estación de creciente los peces de la llanura inundable basan su dieta en los frutos y semillas que caen al agua, así como en grandes cantidades de insectos y otros invertebrados que, de otra manera, les serían anaccesibles.

Uno de los más famosos comedores de semillas y frutos de los ríos amazónicos es la gamitana o tambaqui (Colossoma macropomum). El estudio de su ecología ha permitido revelar el estrecho vínculo entre la vida animal en los ríos y los bosques de las tierras bajas. La gamitana, el mayor de los characinos de la cuenca amazónica, puede alcanzar un metro de longitud y pesar hasta 30 kilos. Al igual que sus parientes cercanos, los pacos (Myleus sp.), las gamitanas están equipadas con poderosos dientes parecidos a los molares, los que les permite quebrar duras nueces de palma de las que se alimentan durante la estación de lluvias,. Algunas semillas, como las del caucho (Hevea) son sus favoritas, pero deben quebrarlas para poder digerir el suave y nutritivo interior.

Lugo de alimentarse en el boaque inundado los cuatro a seis meses que dura la estación de creciente, las gamitanas engordan gracias a la grasa acumulada en sus cuerpos. Estas reservas les permiten sobrevivir durante el largo periodo de escasez que suponen los meses secos, mientras viven en los ríos y los lagos. Justo antes de las primeras lluvias de estación, los adultos inician su sorprendente migración aguas arriba con destino a los torrentosos ríos de las zonas de cabecera, donde desovarán. Al nacer, los alevines viajarán aguas abajo, sin más guía que su instinto, hasta llegar a los lagos y ríos de las tierras bajas, donde se alimentarán de microorganismos hasta llegar a la adultz. De esta manera el ciclo se renueva.

A medida que las pequeñas gamitanas ganan peso y tamaño incorporan a su dieta pequeños insectos y frutos. Al cabo de un periodo de 4 a 5 años, los jóvenes dejan sus guarderías naturales para emprender su primer viaje río arriba rumbo a los bosques inundados de los que dependerán en adelante para sobrevivir. La habilidad de estos peces para aprovechar los recursos que les ofrece el boaque inundado es posiblemente la razón por la que la gamitana es considerada como uno de los peces más abundantes de la Amazonía.

Las pirañas están estrechamente emparentadas con los pacos y gamitanas. Las primeras tienen, claro está, dientes más afilados, aunque es un hecho poco conocido que más de la mitad de las especies de pirañas conocidas se alimentan de semillas y distan mucho de los voraces depredadores que nos imaginamos, quizá influidos por las películas.

La piraña de vientre rojo (Pygocentrus nattereri) es la que quizá más honor hace a su fama. Esta especie habita en los lagos de la llanura inundable que forman los ríos de "aguas blancas", donde la abundancia de presas permite mantener sus grandes cardúmenes. Otras especies como la piraña oscura (Serrasalmus elongatus), son más bien parásitas que se alimentan de las escamas y porciones de las aletas de otros peces y raramente arrancan pedazos de carne de sus presas.

Además de las pirañas, el grupo de los characinos cuenta con muchas especies de peces depredadores. La mayoría psee dientes tipo caninos y son nadadores veloces. Uno de ellos, el huasaco (Hoplias malabaricus), es un cazador nocturno que se oculta en las orillas de los cursos de agua e incluso se entierra en el fango. Algunas especies de los llamados dentones (familia Cynodontidae) ostentan los mayores caninos del mundo acuático. En el caso de las chambiras (Hydrolicus sp.) dos de sus dientes inferiores son tan largos que la mandibula superior cuenta con agujeros para que estos salgan al cerrar la boca. Hay characinos que tienen dientes ubicados en protuberancias en la parte exterior de la boca (Roeboides), los mismos que le permiten arrancar "al paso" las escamas de sus presas, su principal alimento.

Cerca de un centenar de especies de peces amazónicos se alimentan de detritus, es decir, material vegetal en descomposición. Entre estos, los "chupadores" (Semaprochilodus son algunos de los más interesantes. Cuentan con labios carnosos y dientes a manera de peines que les permiten remover con facilidad el material depositado sobre las piedras y troncos sumergidos. A diferencia de sus parientes, los boquichicos (Prochilodus), los "chupadores" son comunes también en ríos de "aguas negras". Los chíochíos (familia Curimatidae) constituyen el grupo de detritívoros más diverso de la Amazonía, con más de 50 especies.

Gran parte de la diversidad que ostenta el grupo de los characinos está representada por especies muy pequeñas, usualmente menores a los cuatro centímetros de longitud. Peces ornamentales muy populares en la industria de los acuarios, como los cardenales y neón tetra, así como los peces lápiz (Nannostomidae) y los llamados pechitos (Gasteropelecidae), integran este grupo.

Puede que los bagres de la Amazonía sean tan numerosos como los characinos pero son, de hecho, mucho menos conocidos. El gigantesco saltón (Brachyplatysoma filamentosum), por ejemplo, supera los tres metros de largo y los 150 kilos de peso. Junto a él existen una docena de especies de bagres de gran tamaño, los mismos que constituyen la base de la pesca comercial en gran parte de la cuenca Amazónica. Son, sin embargo, los zúngaros (Zungaro) y las doncellas (Pseudoplatystoma), los más famosos de este grupo.

Algunos bagres ostentan poderosas armaduras óseas. El turushuqui posee grandes espinas y aguijones que lo convierten en una presa inexpugnable para los depredadores. Las carachamas (Loricariidae), por su parte, cuentan con duras placas y espinas en las aletas que dificultan mucho su ingestión por parte de sus enemigos.

Los caneros (Trichomycteridae), con más de 200 especies, son quizá el grupo más famoso de los bagres amazónicos. Existe un difundido folclor popular respecto de sus hábitos de introducirse poor los orificios del cuerpo de diversos animales, entre ellos, el hombre. De acuerdo a estas creencias y supersticiones, los caneros pueden ser peligrosos para los bañistas y poseen una predilección por ingresar a las vaginas y agujeros anales de los nadadores. Nada de eso es cierto a rajatabla. Algunas especies, sin embargo, se introducen en las agallas de otros peces para succionarles la sangre mientras otras viven adheridas al cuerpo de los grandes bagres.

Los peces de la familia Cetopsidae pueden arrancar trozos de carne de otros peces, de manera similar a las pirañas, aunque por lo general son consumidores de carrona (animales muertos). A diferencia de éstas, los Cetopsidae son abundantes en los ríos de "aguas blancas". Suelen morder a los bañistas y dejar marcas de característica forma circular.

Los peces eléctricos de Sudamérica, cmpuestos por cinco familias, están emparentados con los bagres y characinos. Se cree que evolucionaron a partir de la separación de África y Sudamérica, ya que ninguna de sus familias ha sido registrada en el Viejo Mundo. Las macanas, como se les conoce localmente, poseen músculos especiales que les permite generar electricidad. Para la mayoría de las especies, la electricidad es empleada únicamente para la navegación y la comunicación con los miembros de su especie. Un conjunto de células receptoras ubicadas a lo largo de sus cuerpos permiten a las macanas enviar y recibir información electromagnética sobre su entorno y posibles depredadores. Una excepción singular es la protagonizada por la anguila eléctrica, capaz de generar más de 500 voltios con el objeto de aturdir a sus presas y para protegerse de sus propios depredadores. Su potencia es tal, que puede producir dolorosos shocks al hombre y, eventualmente, causar su muerte.

Varios grupos de peces amazónicos poseen parientes en África y Asia, lo que evidencia que los tres continentes (incluyendo el sudamericano) estuvieron unidos alguna vez. El grupo más representativo es el de los cíclidos, dentro de los cuales el tucunaré (Cichla) es uno de los peces más comunes de la Amazonía. Los tucunarés son voraces depredadores que persiguen activamente a sus presas durante largas distancias. Eso los diferencia de otros carnívoros, como las pirañas, que desisten cuando falla el primer o segundo intento. Otros grupos de peces relictos incluyen a los peces hoja (Nandidae), las atingas o anguilas de pantano (Synbranchidae) y las araguanas (Osteoglossum). Estas últimas poseen cuerpos alargados de hasta un metro de longitud y se les considera los mayores peces comedores de insectos y arañas del mundo. Uno de sus hábitos más peculiares es el de saltar fuera del agua para atrapar a presas ubicadas sobre la vegetación cercana a la superficie del agua.

El paiche (Arapaima gigas) es el único miembro de su familia y el mayor pez de agua dulce del mundo. Crece hasta superar los tres metros de largo y pesar hasta 250 kilos. Para sobrevivir en las aguas poco oxigenadas, el paiche debe respirar aire atmosférico o "boquear" al menos una vez por hora. Tiempo atrás esta gran especie debe haber sido el depredador por excelencia de los lagos y los bosques inundados de la Amazonía. Sin embargo, durante el último siglo ha sido perseguido a un ritmo alarmante. Tradicionalmente se les pescaba con la ayuda de arpones, pero con la llegada de las redes agalleras las posibilidades de captura por parte del hombre se incrementaron considerablemente. A pesar de que sus poblaciones se han reducido significativamente, los altos precios que alcanza su carne en los mercados locales, hace que siga siendo un objetivo predilecto de los pescadores.

Alrededor de 50 especies de peces amazónicos han evolucionado a partir de antecedentes marinos. No existe evidencia de que alguna de estas especies efectúe migraciones regulares entre los ríos y el océano Atlántico y viceversa. Más aún, la mayor parte de estos peces muestra una marcada intolerancia al agua salada. Algunas especies, como varios tiburones y peces sierra ingresan aguas arriba del Amazonas, llegando a ser capturados en lugares tan distantes de su desembocadura como la ciudad de Iquitos. Sin embargo, no se reproducen en él. Otros grupos de peces relacionados con ancestros marinos son las corvinas, anchovetas, peces aguja y las rayas. Estas últimas poseen un apéndice que tiene la forma de un agujón de bordes aserrados capaz de inyectar un potente veneno a sus víctimas como mecanismo de defensa.
[editar] Conclusión

La Amazonía es hogar de millones de especies, muchas de las cuales dependen, de una u otra manera, de lo que los hombres del presente decidamos hacer. A pesar de encontrarnos sentados en el más grandioso teatro de la naturaleza: la cuenca amazónica, a menudo nos dejamos impresionar por algunos de sus más sobresalientes factores y dejamos de lado la visión integral de la obra. A medida que el telón empieza a caer sobre el último acto, los naturalistas sólo podemos ubicarnos en el proscenio e intentar recordar al auditorio que es imprescindible conservar este ambiente como un todo. La diversidad de vida en el Amazonas que se extiende a lo largo de ríos y bosques fue uno de los mayores actos de amor de la naturaleza. Por ello, se merece nuestro respeto. Es, precisamente, el respeto lo único que mos permitirá protegernos de aquellos que son tan miopes como para conducirla a su destrucción final.

lunes, 18 de octubre de 2010

Revista de la Asociación Argentina de Ecología
Ecología Austral es la revista científica semestral de la Asociación Argentina de Ecología. Publica artículos científicos originales en cualquier rama de las ciencias ambientales. Los artículos, en español, inglés o portugués, pueden ser trabajos originales e inéditos resultado de investigación científica, revisiones y actualizaciones que resuman el estado actual del conocimiento sobre un tema, puntos de vista sobre la teoría y/o métodos en ecología, y ayudas didácticas destinadas a ser material de lectura de alumnos de grado. La publicación de los manuscritos que llegan a Ecología Austral queda supeditada a un sistema de arbitraje (dos árbitros de la especialidad) y el proceso de revisión se completa en un período de dos a tres meses.

Ecología Austral se encuentra indizada en:

* Scielo
* Biosis
* Elsevier GeoAbstracts
* Cambridge Scientific Abstracts, Bethesda, Maryland, EE.UU.
* Bioline International, Toronto, Canadá
* CAB International, Wallingford, Oxon, UK, (para CAB Abstracts y/o CAB Health y/o Review of Agricultural Entomology y algunas de las más de 30 revistas de indización que a ellos le parezcan relevantes)
* Environment Abstracts Manager, LexisNexis Academic & Library Solutions, Bethesda, Maryland, EE.UU.
*
* SIDALC, Sistema de Información y Documentación Agroecuario de las Américas, Agri2000

miércoles, 13 de octubre de 2010

Calentamiento global
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Dos mil años de temperaturas medias de acuerdo a varias reconstrucciones, se muestra tres picos importantes, el Periodo cálido medieval, luego la Pequeña Edad de Hielo y por ultimo el año 2004.

El calentamiento global es un término utilizado para referirse al fenómeno del aumento de la temperatura media global, de la atmósfera terrestre y de los océanos, desde 1850, coincidiendo con el final de la denominada Pequeña Edad de Hielo,[1] o ya sea en relación a periodos más extensos.[2] Este incremento se habría acentuado en las últimas décadas del siglo XX y la primera del XXI.

El calentamiento global está asociado a un cambio climático que puede tener causa antropogénica o no. El principal efecto que causa el calentamiento global es el efecto invernadero, fenómeno que se refiere a la absorción —por ciertos gases atmosféricos; principalmente CO2— de parte de la energía que el suelo emite, como consecuencia de haber sido calentado por la radiación solar. El efecto invernadero natural que estabiliza el clima de la Tierra no es cuestión que se incluya en el debate sobre el calentamiento global. Sin este efecto invernadero natural las temperaturas caerían aproximadamente en unos 30 °C; con tal cambio, los océanos podrían congelarse y la vida, tal como la conocemos, sería imposible. Para que este efecto se produzca, son necesarios estos gases de efecto invernadero, pero en proporciones adecuadas. Lo que preocupa a los climatólogos es que una elevación de esa proporción producirá un aumento de la temperatura debido al calor atrapado en la baja atmósfera.

El cuerpo de la ONU encargado del análisis de los datos científicos relevantes —el IPCC (Inter-Governmental Panel on Climate Change o Panel Intergubernamental del Cambio Climático)— sostiene que: «la mayoría de los aumentos observados en la temperatura media del globo desde la mitad del siglo XX, son muy probablemente debidos al aumento observado en las concentraciones de GEI antropogénicas».[3] Esto es conocido como la teoría antropogénica, y predice que el calentamiento global continuará si lo hacen las emisiones de gases de efecto invernadero. En el último reporte con proyecciones de modelos climáticos presentados por IPCC, indican que es probable que temperatura global de la superficie, aumente entre 1,1 a 6,4 °C (2,0 a 11,5 °F) durante el siglo 21.[4]

Cualquier tipo de cambio climático, además implica cambios en otras variables. Sus múltiples interacciones hacen que la única manera de evaluar estos cambios sea mediante el uso de modelos computacionales, los cuales intentan simular la física de la atmósfera y del océano.

El Protocolo de Kyoto, acuerdo originado en la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático y adoptado en la Conferencias de Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo, promueve una reducción de emisiones contaminantes, principalmente CO2. El protocolo ha sido tachado en ciertas ocasiones de injusto,[cita requerida] ya que el incremento de las emisiones tradicionalmente está asociado al desarrollo económico, con lo que las naciones que resultarían más afectadas por el cumplimiento de este protocolo podrían ser aquellas en zonas menos desarrolladas. No obstante en el citado protocolo, las naciones en desarrollo (incluidas China o la India) están exentas de contener sus emisiones de GEI.

Más allá del consenso científico general en torno a la aceptación del origen principalmente antropogénico del calentamiento global,[5] [6] [7] hay un intenso debate político sobre la realidad, de la evidencia científica del mismo. Por ejemplo, algunos de esos políticos opinan que el presunto consenso climático es una completa falacia,[8] y en enero de 2009 la minoría republicana del Senado de los Estados Unidos elaboró una lista con más de 700 científicos que disentían del origen antrópico de los cambios de temperatura de la Tierra.[9] En 2009 se descubrió el pretendido escándalo del denominado Climagate, que alegadamente demostró que los científicos de la Unidad de Investigación del Clima de la Universidad de East Anglia habrían manipulado los datos para así coincidir con las teorías del calentamiento global.[10] [11] Sin embargo, observadores científicos independientes cuestionan esa interpretación. Nature comenta: “Lo que los correos electrónicos no muestran, es sin embargo una gran conspiración para confeccionar el calentamiento global...”[12] New Scientist apunta que “no se ha mostrado que haya en los correos electrónicos hackeados algo que implique una socavación de ninguna de las conclusiones científicas”.[13] Continuando a examinar algunas de las sugerencias de los escépticos del origen antropogénico del calentamiento global, el artículo muestra varios ejemplos sobre la falta de ajustamiento a los hechos y su rigor -por ejemplo, la presentación de artículos de opinión de periodistas, como “artículos científicos revisados por pares”- y concluye: “dejamos que los lectores saquen sus propias conclusiones, acerca de en quien confiar”.

Algunos de los oponentes políticos de la propuesta parecen temer que las propuestas de acción para prevenir consecuencias del fenómeno, tengan una motivación política. Por ejemplo, el vizconde Christopher Monckton (hombre de negocios, político y periodista británico, autocreditado “experto en el cambio climático” a pesar de carecer de alguna cualificación científica) argumenta que el propósito del “tratado” que en su opinión sería inevitablemente firmado en Copenhague (ver Conferencia sobre el Cambio Climático de la ONU 2009), es el de imponer un Gobierno Mundial, impulsado entre otros por Obama, quien sería, en la opinión del Sr vizconde, un "simpatizante comunista".[14] Conviene recordar que tanto la idea del Gobierno Mundial como del comunismo, son poderosas bestias negras en la ideología de ciertos sectores políticos en EEUU. (ver por ejemplo, Nuevo Orden Mundial (conspiración)). El vizconde ha sido acusado repetidamente de manipular los datos.[15]

Existen además intereses económicos cruzados ya que hay muchas empresas que podrían ser negativamente afectadas si se las hiciera responsable de sus externalidades,[16] específicamente en el caso del control de emisiones de CO2 (ver también tragedia de los comunes), además de existir otras que se lucran extraordinariamente de las cuantiosas subvenciones a energías renovables, cuyos elevados costos las hacen incapaces de competir con las tradicionales (que sí emiten CO2). Así por ejemplo, el jefe del IPCC, Rajendra Pachauri fue acusado por Monckton, - en diciembre de 2009- de conflicto de intereses, uso de información privilegiada por su pasado como magnate petrolero y sus vínculos con el comercio de cuotas de emisión de contaminación.[17] Al Gore ha sido cuestionado por lucrarse invirtiendo en empresas verdes auspiciadas por la política ecologista.[18] [19] De igual modo, el diario izquierdista británico The Guardian y la ONG ecologista Greenpeace, acusaron en 2007 a la petrolera ExxonMobil de financiar informes que pusieran en duda la tesis oficial sobre el cambio climático.
Historia del calentamiento global

El primero en manifestar un interés por la materia fue Svante August Arrhenius, quien en 1903 publicó Lehrbuch der Kosmischen Physik (Tratado de física del Cosmos),[21] el cual trataba por primera vez de la posibilidad de que la quema de combustibles fósiles incrementara la temperatura media de la Tierra. Entre otras cosas calculaba que se necesitarían 3000 años de combustión de combustibles para que se alterara el clima del planeta, todo bajo la suposición que los océanos captarían todo el CO2 (actualmente se sabe que los océanos han absorbido un 48% del CO2 antropogénico desde 1800).[22] Arrhenius estimó el incremento de la temperatura del planeta cuando se dobla la concentración de dióxido de carbono de la atmósfera, eventualmente calculando este valor en 1,6 Centígrados sin vapor de agua en la atmósfera y 2,1 °C con vapor presente. Estos resultados están dentro de los parámetros generalmente aceptados en la actualidad.[23] Arrhenius otorgaba una valoración positiva a este incremento de temperatura porque imaginaba que aumentaría la superficie cultivable y que los países más septentrionales serían mas productivos.
Concentración de CO2 atmosférico medido en el observatorio de Mauna Loa: Curva de Keeling.

En las décadas siguientes, las teorías de Arrhenius fueron poco valoradas pues se creía que el CO2 no influía en la temperatura del planeta y el efecto invernadero se atribuía exclusivamente al vapor de agua. Sin embargo y 35 años después de que Arrhenius publicara su teoría, Guy S. Callendar, ingeniero británico especialista en vapor, publicó empezando en 1938, varios ensayos en los que que corregía algunas estimaciones realizadas por Arrhenius,[24] como la capacidad de los océanos para absorber CO2. A partir de un incremento observable de aproximadamente medio Grado Fahrenheit (unos 0,275 °C) entre 1880 y 1934, Callender estimó que el incremento promedio en la temperatura era 0,005 °C por año en ese período (actualmente se estima que en la segunda mitad del siglo XX se ha producido un incremento de 0,013 °C al año (IPCC, 2007, p. 30)). Callender argumentaba también que la actividad humana había incrementado el dióxido de carbono en la atmósfera en alrededor de 10% desde el comienzo del siglo. Esto revivió la sugerencia de Arrhenius y es conocido como “Efecto Callendar”.[25]

Entre otros, Roger Revelle -director del Scripps Institution of Oceanography, en California- creía que la sugerencia de Callendar era implausible: cualquier "exceso" de CO2 atmosférico sería -en su opinión- absorbido por procesos naturales. Esto dio origen al comienzo de un debate científico. Eventualmente, Charles D. Keeling, trabajando bajo la dirección de Revelle y en el marco del Año Geofísico Internacional, llevó a cabo una serie de medidas -entre 1957 y 1959- en sitios remotos y viento arriba de sitios poblados (Keeling usaba datos de una estación en Mauna Loa y otra en la Antártica) durante los dieciocho meses del año geofísico. Los resultados fueron claros y negativos para la posición de Revelle, mostrando sin dudas que no sólo había habido un incremento del dióxido de carbono atmosférico en relación al siglo XIX, sino que además incluso había habido un incremento durante el periodo de las mediciones mismas.[26]

Un poco antes, la Organización Meteorológica Mundial ya había iniciado diversos planos de seguimiento, los cuales tenían como objetivo entre otras cosas, el de calcular los niveles de CO2 en la troposfera. Esas observaciones fueron facilitadas por el desarrolló -en los años cuarenta- de la espectrofotometría de infrarrojos, la cual ha permitido conocer que el CO2 absorbe la luz de manera distinta al vapor de agua, incrementando notablemente el efecto invernadero. Todo esto fue resumido por Gilbert Plass en el año 1955.

Keeling continuo por otros cuarenta años sus observaciones; esas demostraron continua y repetidamente la corrección de su observación inicial. Keeling estableció que, sin importar donde se tomaran las medidas -ya sea ciudades o campos, valles o montes- la medida promedio del CO2 atmosférica es la misma, con leves variaciones de temporada (el promedio es más alto en el invierno del hemisferio norte) y que el incremento promedio es 1,5 partes por millón por año. Estos resultados permanecen sin cuestionamiento científico hasta el presente.[27]
Predicciones basadas en diferentes modelos del incremento de la temperatura media global respecto de su valor en el año 2000.

En 1974, aceptadas ya dichas hipótesis científicas, la OMM decidió crear un equipo de expertos sobre el cambio climático. Así en 1985 tuvo lugar la conferencia de Villach (Austria), donde las Naciones Unidas y el Consejo Internacional para el Medio Ambiente concluyeron que para finales del siglo XXI se podría producir un aumento en las temperaturas de entre 1,5 y 4,5 °C y un ascenso del nivel del mar entre 0,2 y 1,4 m.[cita requerida]

El revuelo social que produjeron todos estos estudios facilitó que en 1988 se fundara el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC), que en 1990 concluyo después de su primera reunión que de seguir con el ritmo actual de emisiones de gases de efecto invernadero, cabría esperar un aumento de 0,3 °C por decenio durante el próximo siglo (mayor que el producido durante los últimos 10.000 años).[cita requerida] En 1992 se celebró en Río de Janeiro la Conferencia de Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo, también conocida como la Cumbre de la Tierra, donde más de 150 países acudieron y se logró aprobar la Convención Marco sobre el Cambio Climático para tratar de estabilizar las emisiones de gases de efecto invernadero a un nivel aceptable.

En 1997 se comenzó a redactar el protocolo de Kioto sobre el cambio climático,[28] cuyo objetivo era reducir las emisiones de los principales gases de efecto invernadero: dióxido de carbono, metano, óxido nitroso, hexafluoruro de azufre, hidrofluorocarbonos, perfluorocarbonos. Se justificó no incluir el vapor de agua entre los gases considerados como de efecto invernadero.[cita requerida] Su redacción finalizó en 1998 aunque no entró en vigor hasta noviembre de 2004 cuando fue ratificado por Rusia.

Tras el tercer informe del IPCC,[29] se consideró la necesidad de un nuevo protocolo más severo y con la ratificación de más países aparte del G77. Por esta razón en 2005, se reunieron en Montreal todos los países que hasta el momento habían ratificado el protocolo de Kioto y otros países responsables de la mayoría de las emisiones de gases de efecto invernadero, incluyendo Estados Unidos, China e India. La negociación en Montreal proveía la redacción de unas bases para la futura negociación de un nuevo protocolo, el cual entraría en vigor en 2012,[cita requerida] fecha de caducidad del actual protocolo. Durante la reunión, varios países pusieron objeciones y retrasaron el pre-acuerdo (es el caso de Estados Unidos o Rusia) pero después de retrasar algunos días el final de la negociación se llegó a dicho pre-acuerdo.[30]

En Bali entre el 3 y el 13 de diciembre de 2007, se reanudaron las negociaciones y aunque no se fijaron límites para los gases de efecto invernadero, se alcanzó un acuerdo,[31] el cual entre otras cosas, incentivaba la distribución de energías renovables entre los países en vías de desarrollo para que estos no basaran su crecimiento económico en la quema de combustibles fósiles.[32]

El ex-secretario general de la ONU, Kofi Annan, abogó por una «justicia climática» al pedir a los contaminadores que pagasen los daños que causaran al clima, para que los pobres no se vieran más perjudicados[33]
Efectos potenciales
Artículo principal: Efectos potenciales del calentamiento global

Muchas organizaciones (tanto públicas como privadas, incluyendo gobiernos y personas individuales) están preocupados que los efectos que el calentamiento global pueda producir sean profundamente negativos, o incluso catastróficos tanto a nivel mundial como en regiones vulnerables específicas. Esos efectos incluyen no solo el medio ambiente, sino además repercusiones económicas y biológicas (especialmente en la agricultura) que a su vez podrían afectar el bienestar general de la humanidad.[34] [35] Por ejemplo, un informe del Centro de Seguridad Nacional de USA advierte que: “en los próximos 30 o 40 años va a haber guerras por agua, una creciente inestabilidad causada por hambruna, enfermedades y la elevación de los niveles del mar y olas de refugiados. El caos resultante será un ‘caldo de cultivo’ para disturbios civiles, genocidio y el crecimiento del terrorismo”.[36] El político y líder español Javier Solana ha sugerido: “El cambio climático también causa graves riesgos políticos y de seguridad que afectan directamente a los intereses europeos. Esa es la razón por la que necesitamos para hacer frente a estos juntos, como europeos.”[37]

Ciertos fenómenos, como la disminución de los glaciares, la elevación del nivel de los mares y los cambios meteorológicos se han considerado consecuencias del calentamiento global que pueden influir en las actividades humanas y en los ecosistemas. Algunas especies pueden ser forzadas a emigrar de sus hábitats para evitar su extinción debido a las condiciones cambiantes, mientras otras especies pueden extenderse. Pocas ecorregiones pueden esperar no resultar afectadas.[38]
Elevación del nivel de los mares, medido en 23 estaciones fijas, entre 1900 y 2000.

Otro motivo de gran preocupación es la elevación del nivel de los mares. Los niveles de los mares se están elevando entre 1 y 2 centímetros por decenio, a la vez que se agudizan los fenómenos climáticos extremos. Algunas naciones isleñas del Océano Pacífico, como Tuvalu, ya están trabajando en los detalles de una eventual evacuación.[39] El calentamiento global produce un aumento de la cantidad de agua líquida procedente de la reducción de los glaciares de montaña y se teme un decrecimiento de los casquetes glaciares. En palabras del TAR del IPCC:
Se prevé que el nivel medio global del mar se elevará entre 9 y 99 cm entre 1990 y 2100. [...] y en caso de que todo el hielo de la Antártida se derritiera, el nivel del mar aumentaría 125 m.

Conforme el clima se haga más cálido la evaporación se incrementará. Esto causaría un aumento de las precipitaciones lluviosas y más erosión. El IPCC pronostica un aumento de las precipitaciones en las regiones frías (latitudes altas) y en ciertas regiones tropicales lluviosas, a la vez que una reducción en las zonas secas de latitudes medias y tropicales, como la cuenca mediterránea o el nordeste brasileño.(IPCC, 2007, p. 9) Es decir, un clima más extremo y con la precipitación repartida de forma más desigual.
Anomalía de temperaturas medias en el período 1995 - 2004.

El aumento de la temperatura no sigue una ley lineal, sino que presenta fluctuaciones debidas a procesos y la variabilidad natural, siendo la más notable de ellas el fenómeno de "El Niño". Durante el mismo periodo, las temperaturas en la superficie terrestre muestran un incremento de aproximadamente 0,15 °C por decenio,[40] que se contrarrestan en ciclos opuestos del mismo.(Lean y Rind, 2008) Esto sugiere que el proceso de calentamiento podría sufrir un aceleramiento repentino o que sea capaz de desencadenar cambios bruscos, anómalos y caóticos de temperatura,[41] por ejemplo, tormentas, huracanes, sequías, o incluso extremos globalizados o localizados de baja temperatura.[42] con efectos que podrían no ser fácilmente reversibles posteriormente.

Por ejemplo, conforme el clima se hace más cálido, la Corriente del Atlántico Norte, la cual se debe a los efectos de circulación en el clima presente (ver circulación termohalina) y data de la época del deshielo de la última glaciación hace 14.000 años, podría disminuir,[43] e incluso llegue a detenerse completamente, lo cual quiere decir que áreas como Escandinavia y Gran Bretaña, que son calentadas por esta corriente, podrían presentar un clima más frío, llegando incluso a sufrir una edad del hielo localizada.[44] Es necesario recordar que hace 11.000 años esa corriente sufrió una interrupción que duró unos 1.000 años. Esto provocó el miniperíodo glacial conocido como Dryas reciente —por el nombre de una flor silvestre alpina, Dryas octopetala— que duró 900 años en el noroeste de Norteamérica y el norte de Europa.

El calentamiento global modificaría la distribución de la fauna y floras del planeta; ello supondría la expansión de enfermedades de las que algunos de esos animales son portadores. Tal sería el caso de la malaria, el dengue o la fiebre amarilla, cuyos vectores son ciertas especies de mosquito que habitan principalmente en zonas tropicales.

El calentamiento global también podría tener efectos positivos, ya que las mayores temperaturas y mayores concentraciones de CO2 pueden mejorar la productividad de algunos ecosistemas. Los datos aportados por satélites muestran que la productividad del Hemisferio Norte se ha incrementado desde 1982. De acuerdo a cálculos de la Met Office inglesa, la producción agrícola europea podría aumentar -dadas condiciones hidrológicas óptimas- en un 25%.

Sin embargo se cuestiona el resultado general de esos efectos en relación al equilibrio económico humano norte-sur. Concretamente, el si el beneficio general de ese aumento en la productividad en países que ya producen lo necesario para sus habitantes, compensaría a nivel global la caída en la producción de los países áridos, semiáridos y tropicales. Por ejemplo, la producción agrícola de Pakistán podría decaer en 50%. De acuerdo a las estimaciones de la IPCC, muchos de los cultivos agrícolas que dependen de aguas de lluvia tanto en África como América Latina están cerca del límite de lo que pueden tolerar. Se prevén caídas generales de productividad agrícola de alrededor de 30% en esas regiones. La caída en la producción de arroz en Asia podrían llegar al 10%. En general, entre 1996 y 2003, la producción a nivel mundial de cereales se estabilizó a niveles de 1800 millones de toneladas anuales. Sin embargo a partir del 2001, y como resultado de la continuada expansión de consumo, los niveles almacenados en reserva han decaído, resultando en un falta de 93 millones de toneladas en relación a la demanda en 2003.

Adicionalmente, un incremento en la cantidad total de la biomasa producida no es necesariamente positiva, ya que puede disminuir la biodiversidad aunque florezcan un pequeño número de especies. De forma similar, desde el punto de vista de la economía humana, un incremento en la biomasa total pero un descenso en las cosechas seria una desventaja. Además, los modelos del IPCC predicen que mayores concentraciones de CO2 podrían favorecer la flora hasta cierto punto, ya que en muchas regiones temperadas los factores limitantes son el agua y los nutrientes, no la temperatura o el CO2 Tras ese punto, incluso aunque los efectos positivos del calentamiento continuasen, podría no haber ningún incremento de producción agrícola.

En el plano económico general, el Informe Stern -encargado por el gobierno británico en 2005- pronosticó una recesión del 20% del PIB mundial debido al cambio climático si no se tomaban una serie de medidas preventivas que, en conjunto, absorberían el 1% del PIB (Producto Interno Bruto) mundial.

Sin embargo, todo o mucho de lo anterior es materia de una controversia considerable con grupos ecologistas, políticos y económicos, en algunos casos exagerando los daños posibles y en otros, cuestionando y minimizando los modelos climáticos y las consecuencias del calentamiento global. (ver, por ejemplo: Controversia del gráfico de hockey
Gráfico de palo de hockey del reporte 2001 del IPCC. Datos de Mann et al. 1999. La línea roja: Tº reconstruidas (en base a lecturas de Tº y a anchura de anillos de árboles, azul: CO2.

Escépticos del calentamiento global señalan que durante los años posteriores a la Segunda Guerra Mundial se incrementó mucho la emisión de los gases de efecto invernadero, y afirman, que en la época predominó entre los especialistas la alarma por un posible oscurecimiento global o enfriamiento global a finales del siglo XX.[45] [46] La interpretación más común del enfriamiento relativo de mediados de siglo se atribuye al aumento en las emisiones de aerosoles claros, que amplifican el albedo, determinando un forzamiento negativo. Su reducción siguió a la sustitución de combustibles y tecnologías por otras que emitiesen menos de estos aerosoles, en parte por las medidas de lucha contra la contaminación urbana e industrial y la lluvia ácida en los países desarrollados, de manera que el aumento en la emisión global de aerosoles se ha frenado.
Datos concretos

Ciertos datos concretos recogidos de fuentes científicas ayudan a comprender el alcance del fenómeno del calentamiento global, entender sus causas y vislumbrar sus consecuencias. (para todo lo que sigue, ver también IPCC, (2007) Cambio climático 2007: Informe de síntesis.)
Temperatura media terrestre en el período 1900 - 2004. El área gris representa el intervalo de confianza de 95% derivado sobre las cinco décadas anteriores. La línea roja es el promedio de cada década.

Estudios realizados, muestran que la temperatura ha incrementado a nivel mundial a partir del 1900[47] A partir de esa fecha, y década tras década, cada una es, en promedio, “más calurosa” que la anterior, proceso que parece estar acelerándose.[48]

Según un artículo publicado en el 2004, el calentamiento global podría exterminar entre el 15% y el 35% todas las especies de plantas y animales de la Tierra para el 2050.[49] Aún con anterioridad, un grupo de ecologistas había apuntado que el incremento de la temperatura amenaza ecosistemas en los cuales la raza humana depende para sobrevivir.[50] Se cree que este fenómeno ya ha empezado a hacerse sentir.[51]

Según un informe de Greenpeace,[52] el nivel del mar aumentará probablemente entre 9 (nueve) y 88 cm en el presente siglo debido al dióxido de carbono ya presente (y el que se prevé será producido) en la atmósfera, llevando a problemas y daños generalizados, amenazando principalmente a ciudades costeras.[53] [54]

De acuerdo al Comité Científico en Estudios Antárticos, si el incremento de la temperatura fuera solo de un 2% (el objetivo que se esperaba la reunión de Copenhague adoptara) el aumento del nivel del mar seria de unos 50 centímetros en 2050. Eso es el doble de lo estimado por IPCC.[55]

De acuerdo a un estudio comisionado por las industrias de los seguros, ese incremento de solo 50 cm en el nivel del mar amenazaría un estimado de 28 billones de dólares de bienes en las principales ciudades costeras a nivel mundial.[56]

Sin embargo, ese incremento no es el mismo en todas partes. Por ejemplo, estudios de la Universidad de Florida estiman que la costa atlántica de los EEUU será vera un incremento casi el doble que el promedio.[57] Como es de suponer, el impacto de tales problemas será sentido principalmente en ciudades de países menos desarrollados[58] [59]

El nivel del dióxido de carbono (CO2) en la atmósfera podría por lo menos duplicarse en los próximos 30 o 50 años a menos que una reducción substancial de emisiones tenga lugar. Consecuentemente, algunos estudios están empezando a considerar las posibles consecuencias de una cuadruplicación de los niveles atmosféricos de CO2.[60]

En tales circunstancias un incremento de 4º C en la temperatura promedio del mar no es impensable. Si ese llegara a ser el caso, el mar dejaría de ser un absorbedor de CO2 y se transformaría en un emisor.[61]

De acuerdo a un informe de la IPCC,[62] el incremento de temperatura sobre Groenlandia será entre una y tres veces superior el promedio mundial. Ese promedio es previsto por la IPCC entre 1,4-5,8° Celsius. Se estima que un incremento sostenido sobre Groenlandia de 3 º centígrados, llevaría al derretimiento completo de la capa de hielo, además de producir un incremento en el nivel del mar de alrededor de 6 a 7 metros.
El retroceso de una de las lenguas del Glaciar Aletsch en los Alpes suizos (fotos de los años 1979, 1991 y 2002), debido al calentamiento global.

En el 2000, se estimó que la aceleración del flujo del hielo en regiones de Groenlandia disminuye el volumen de su capa de hielo en 51 km³/año[63] , aunque una revaluación más reciente sitúa dicho número en 150 km³/año.[64] Parte del aumento se debe a una aceleración reciente de la fusión de los glaciares periféricos, y se estima que su contribución al aumento del nivel del mar ha alcanzado en 2005 un valor 0,57 ±0,1 mm/año.

Otra fuente estima que hay un concomitante aumento en la posibilidad de la estabilización, fragmentación y caída al mar de sectores de la capa de hielo en la Antártica, especialmente la llamada Capa de Hielo de la Antártica Occidental. De acuerdo a la misma fuente, el derretimiento o caída al mar de la totalidad del hielo antártico podría hacer subir el nivel del mar en 62 metros. Solo la capa occidental lo puede hacer subir en 6 metros.[65]

Con tan solo un metro de incremento, desaparecerían ciudades tales como Alejandría y causaría graves daños a muchas otras ciudades costales.[66] También destruiría totalmente algunos estados isleños (tales como las Maldivas), arruinaría las fuentes de agua potable en muchas regiones costeras, cosa que ya estaría sucediendo en países tales como Israel, Tailandia, China, Viet Nam, entre otros. Se ha calculado que solo en EEUU los daños alcanzarían el tres por ciento del Producto Nacional Bruto (156 mil millones de dólares).

Estudios posteriores sugieren que el resultado más posible de un aumento sostenido de 2 Grados centígrados será un aumento de seis metros en los niveles del mar.[67] Otros estudios sugieren que esto podría suceder más rápido que lo anticipado, debido a un sorprendente incremento en la tasa de derretimiento de los hielos antárticos y de Groenlandia,[68] [69] lo que podría llevar a un derretimiento “catastrófico” (súbito).[70]

Seis metros de incremento en el nivel del mar inundarían ciudades tales como Londres, Nueva York, Washington DC, y amplias regiones a través del mundo.[71] [72]

En caso de que toda la capa de hielo de la Antártida se derritiera, el nivel del mar aumentaría aproximadamente 61 metros.
Teorías que intentan explicar los cambios de temperatura

El clima varía por procesos naturales tanto internos como externos. Entre los primeros destacan las emisiones volcánicas y otras fuentes de gases de efecto invernadero, como por ejemplo el metano emitido en las granjas animales. Entre los segundos pueden citarse los cambios en la órbita de la Tierra alrededor del Sol (Teoría de Milankovitch) y la propia actividad solar.

Los especialistas en climatología aceptan que la Tierra se ha calentado recientemente (el IPCC cita un incremento de 0,6 ±0,2 °C en el siglo XX). Más controvertida es la dilucidación de las posibles relaciones entre las causas del fenómeno.[73] Tampoco nadie discute que la concentración de gases invernadero ha aumentado y que la causa de este aumento es probablemente la actividad industrial durante los últimos 200 años.

También existen diferencias llamativas entre las mediciones realizadas en las estaciones meteorológicas situadas en tierra (con registros en raras ocasiones comenzados desde finales del siglo XIX y en menos ocasiones todavía de una forma continuada) y las medidas de temperaturas realizadas con satélites desde el espacio (todas comenzadas a partir de la segunda mitad del siglo XX). Estas diferencias se han achacado a los modelos utilizados en las predicciones del aumento de temperatura existente en el entorno de las propias estaciones meteorológicas, debido al desarrollo urbano (el efecto llamado Isla de calor). Dependiendo del aumento predicho por estos modelos, las temperaturas observadas por estas estaciones serán mayores o menores (en muchas ocasiones incluso prediciendo disminuciones de las temperaturas).[cita requerida]
Teoría de los gases invernadero
Concentración de dióxido de carbono en los últimos 417.000 años. La parte roja indica la variación a partir de 1800.

La hipótesis de que los incrementos o descensos en concentraciones de gases de efecto invernadero pueden dar lugar a una temperatura global mayor o menor, fue postulada extensamente por primera vez a finales del s. XIX por Svante Arrhenius como un intento de explicar las eras glaciales. Sus coetáneos rechazaron radicalmente su teoría.

La teoría de que las emisiones de gases de efecto invernadero están contribuyendo al calentamiento de la atmósfera terrestre, ha ganado muchos adeptos y algunos oponentes en la comunidad científica durante el último cuarto de siglo. El IPCC, entidad fundada para evaluar los riesgos de los cambios climáticos inducidos por los seres humanos, atribuye la mayor parte del calentamiento reciente a las actividades humanas. La NAC (National Academy of Sciences: Academia Nacional de Ciencias) de Estados Unidos también respaldó esa teoría. El físico atmosférico Richard Lindzen y otros escépticos se oponen a aspectos parciales de la teoría.

Hay muchos aspectos sutiles en esta cuestión. Los científicos atmosféricos saben que el hecho de añadir dióxido de carbono CO2 a la atmósfera, sin efectuar otros cambios, tenderá a hacer más cálida la superficie del planeta. Pero igualmente se debe tener en cuenta que existe una cantidad importante de vapor de agua (humedad y nubes) en la atmósfera terrestre, y que el vapor de agua es un gas de efecto invernadero. Si la adición de CO2 a la atmósfera aumenta levemente la temperatura, se espera que más vapor de agua se evapore desde la superficie de los océanos. El vapor de agua así liberado a la atmósfera aumenta a su vez el efecto invernadero (el vapor de agua es un gas de invernadero más eficiente que el CO2).[cita requerida] A este proceso se le conoce como la retroalimentación del vapor de agua (water vapor feedback en inglés). Es esta retroalimentación la causante de la mayor parte del calentamiento que los modelos de la atmósfera predicen que ocurrirá durante las próximas décadas. La cantidad de vapor de agua, así como su distribución vertical, son claves en el cálculo de esta retroalimentación. Los procesos que controlan la cantidad de vapor en la atmósfera son complejos de modelar, por lo que aquí radica gran parte de la incertidumbre sobre el calentamiento global.

El papel de las nubes es también crítico. Las nubes tienen efectos contradictorios en el clima; cualquier persona ha notado que la temperatura cae cuando pasa una nube en un día soleado de verano, que de otro modo sería más caluroso. Es decir: las nubes enfrían la superficie reflejando la luz del Sol de nuevo al espacio. Pero también se sabe que las noches claras de invierno tienden a ser más frías que las noches con el cielo cubierto. Esto se debe a que las nubes también devuelven algo de calor a la superficie de la Tierra. Si el CO2 cambia la cantidad y distribución de las nubes podría tener efectos complejos y variados en el clima, ya que una mayor evaporación de los océanos contribuiría también a la formación de una mayor cantidad de nubes.

A la vista de esto, no es correcto imaginar que existe un debate entre los que «defienden» y los que «se oponen» a la teoría de que la adición de CO2 a la atmósfera terrestre dará como resultado que las temperaturas terrestres promedio serán más altas. Más bien, el debate se centra sobre lo que serán los efectos netos de la adición de CO2, y en si los cambios en vapor de agua, nubes y demás podrán compensar y anular este efecto de calentamiento. El calentamiento observado en la Tierra durante los últimos 50 años parece estar en oposición con la teoría de los escépticos de que los mecanismos de autorregulación del clima compensarán el calentamiento debido al CO2

Los científicos han estudiado también este tema con modelos computarizados del clima. Estos modelos se aceptan por la comunidad científica como válidos solamente cuando han demostrado poder simular variaciones climáticas conocidas, como la diferencia entre el verano y el invierno, la Oscilación del Atlántico Norte o El Niño. Se ha encontrado universalmente que aquellos modelos climáticos que pasan estas evaluaciones también predicen siempre que el efecto neto de la adición de CO2 será un clima más cálido en el futuro, incluso teniendo en cuenta todos los cambios en el contenido de vapor de agua y en las nubes. Sin embargo, la magnitud de este calentamiento predicho varía según el modelo, lo cual probablemente refleja las diferencias en el modo en que los diferentes modelos representan las nubes y los procesos en que el vapor de agua es redistribuido en la atmósfera.

Sin embargo, las predicciones obtenidas con estos modelos no necesariamente tienen que cumplirse en el futuro. Los escépticos en esta materia responden que las predicciones contienen exageradas oscilaciones de más de un 400% entre ellas, lo cual hace que las conclusiones sean inválidas, contradictorias o absurdas. Los ecólogos responden que los escépticos no han sido capaces de producir un modelo de clima que no prediga que las temperaturas se elevarán en el futuro. Los escépticos discuten la validez de los modelos teóricos basados en sistemas de ecuaciones diferenciales, que son sin embargo un recurso común en todas las áreas de la investigación sobre problemas complejos difíciles de reducir a pocas variables, cuya incertidumbre es alta siempre por la simplificación de la realidad que el modelo implica y por la componente caótica de los fenómenos implicados. Los modelos evolucionan poniendo a prueba su relación con la realidad prediciendo (retrodiciendo) evoluciones ya acaecidas y, gracias a la creciente potencia de los ordenadores, aumentando la resolución espacial y temporal, puesto que trabajan calculando los cambios que afectan a pequeñas parcelas de la atmósfera en intervalos de tiempo discretos.

Las industrias que utilizan el carbón como fuente de energía, los tubos de escape de los automóviles, las chimeneas de las fábricas y otros subproductos gaseosos procedentes de la actividad humana, contribuyen con cerca de 22.000 millones de toneladas de dióxido de carbono (correspondientes a 6.000 millones de toneladas de carbón puro) y otros gases de efecto invernadero a la atmósfera terrestre cada año. La concentración atmosférica de CO2 se ha incrementado hasta un 31% por encima de los niveles pre-industriales desde 1750. Esta concentración es considerablemente más alta que en cualquier momento de los últimos 420.000 años, período del cual han podido obtenerse datos fiables a partir de núcleos de hielo. Se cree, a raíz de una evidencia geológica menos directa, que los valores de CO2 estuvieron a esta altura por última vez hace 40 millones de años. Alrededor de tres cuartos de las emisiones antropogénicas de CO2 a la atmósfera durante los últimos 20 años se deben al uso de combustibles fósiles. El resto es predominantemente debido a usos agropecuarios, en especial deforestación.[74]

Los gases de efecto invernadero toman su nombre del hecho de que no dejan salir al espacio la energía que emite la Tierra en forma de radiación infrarroja cuando se calienta con la radiación procedente del Sol, que es el mismo efecto que producen los vidrios de un invernadero de jardinería, aunque cabe destacar que estos se calientan principalmente al evitar el escape de calor por convección.

El efecto invernadero natural que estabiliza el clima de la Tierra no es cuestión que se incluya en el debate sobre el calentamiento global. Sin este efecto invernadero natural las temperaturas caerían aproximadamente unos 30 °C; con tal cambio, los océanos podrían congelarse y la vida, tal como la conocemos, sería imposible. Para que este efecto se produzca, son necesarios estos gases de efecto invernadero, pero en proporciones adecuadas. Lo que preocupa a los climatólogos es que una elevación de esa proporción producirá un aumento de la temperatura debido al calor atrapado en la baja atmósfera.

Los incrementos de CO2 medidos desde 1958 en Mauna Loa muestran una concentración que se incrementa a una tasa de cerca de 1,5 ppm por año. De hecho, resulta evidente que el incremento es más rápido de lo que sería un incremento lineal. El 21 de marzo del 2004 se informó de que la concentración alcanzó 376 ppm (partes por millón). Los registros del Polo Sur muestran un crecimiento similar al ser el CO2 un gas que se mezcla de manera homogénea en la atmósfera.
Teoría de la variación solar

Se han propuesto varias hipótesis para relacionar las variaciones de la temperatura terrestre con variaciones de la actividad solar, que han sido refutadas por los físicos Terry Sloan y Arnold W. Wolfendale.[75] La comunidad meteorológica ha respondido con escepticismo, en parte, porque las teorías de esta naturaleza han sufrido idas y venidas durante el curso del siglo XX.[76]
Variaciones en el ciclo solar.

Sami Solanki, director del Instituto Max Planck para la Investigación del Sistema Solar, en Göttingen (Alemania), ha dicho:[77]
El Sol está en su punto álgido de actividad durante los últimos 60 años, y puede estar ahora afectando a las temperaturas globales (...) Las dos cosas: el Sol más brillante y unos niveles más elevados de los así llamados «gases de efecto invernadero», han contribuido al cambio de la temperatura de la Tierra, pero es imposible decir cuál de los dos tiene una incidencia mayor.

Willie Soon y Sallie Baliunas del Observatorio de Harvard correlacionaron recuentos históricos de manchas solares con variaciones de temperatura. Observaron que cuando ha habido menos manchas solares, la Tierra se ha enfriado (Ver Mínimo de Maunder y Pequeña Edad de Hielo) y que cuando ha habido más manchas solares, la Tierra se ha calentado, aunque, ya que el número de manchas solares solamente comenzó a estudiarse a partir de 1700, el enlace con el período cálido medieval es, como mucho, una especulación.

Las teorías han defendido normalmente uno de los siguientes tipos:

* Los cambios en la radiación solar afectan directamente al clima. Esto es considerado en general improbable, ya que estas variaciones parecen ser pequeñas.
* Las variaciones en el componente ultravioleta tienen un efecto. El componente UV varía más que el total.
* Efectos mediados por cambios en los rayos cósmicos (que son afectados por el viento solar, el cual es afectado por el flujo solar), tales como cambios en la cobertura de nubes.

Aunque pueden encontrarse a menudo correlaciones, el mecanismo existente tras esas correlaciones es materia de especulación. Muchas de estas explicaciones especulativas han salido mal paradas del paso del tiempo, y en un artículo («Actividad solar y clima terrestre, un análisis de algunas pretendidas correlaciones», en Journal of Atmospheric and Solar-Terrestrial Physics, pág. 801-812, 2003) Peter Laut demuestra que hay inexactitudes en algunas de las más populares, notablemente en las de Svensmark y Lassen (ver más abajo).

En 1991, Knud Lassen —del Instituto Meteorológico de Dinamarca (en Copenhague)— y su colega Eigil Friis-Christensen, encontraron una importante correlación entre la duración del ciclo solar y los cambios de temperatura en el Hemisferio Norte. Inicialmente utilizaron mediciones de temperaturas y recuentos de manchas solares desde 1861 hasta 1989, pero posteriormente encontraron que los registros del clima de cuatro siglos atrás apoyaban sus hallazgos. Esta relación aparentemente explicaba, de modo aproximado, el 80% de los cambios en las mediciones de temperatura durante ese período. Sallie Baliuna, un astrónomo del Harvard-Smithsonian Center for Astrophysics (Centro Harvard-Smithsoniano de Astrofísica), se encuentra entre los que apoyan la teoría de que los cambios en el Sol «pueden ser responsables de los cambios climáticos mayores en la Tierra durante los últimos 300 años, incluyendo parte de la reciente ola de calentamiento global».

Sin embargo, el 6 de mayo de 2000 la revista New Scientist informó que Lassen y el astrofísico Peter Thejil habían actualizado la investigación de Lassen de 1991 y habían encontrado que, a pesar de que los ciclos solares son responsables de cerca de la mitad de la elevación de temperatura desde 1900, no logran explicar una elevación de 0,4 °C desde 1980:
Temperaturas promedio de temperaturas atmosféricas mundiales, CO2, atmosférico y actividad solar desde 1850. Líneas gruesas para temperatura y actividad solar representan la “regresión local” sobre 25 años promediado de los datos crudos.
Las curvas divergen a partir de 1980 y se trata de una desviación sorprendentemente grande. Algo más está actuando sobre el clima. [...] Tiene las «huellas digitales» del efecto invernadero.

Posteriormente, en el mismo año, Peter Stoff y otros investigadores de Centro Hadley, en el Reino Unido, publicaron un artículo en el que dieron a conocer el modelo de simulación hasta la fecha más exhaustivo sobre el clima del siglo XX. Su estudio prestó atención tanto a los agentes forzadores naturales (variaciones solares y emisiones volcánicas) como al forzamiento antropogénico (gases invernadero y aerosoles de sulfato). Al igual que Lassen y Thejil, encontraron que los factores naturales daban explicación al calentamiento gradual hasta aproximadamente 1960, seguido posteriormente de un retorno a las temperaturas de finales del siglo XIX, lo cual era consistente con los cambios graduales en el forzamiento solar a lo largo del siglo XX y la actividad volcánica durante las últimas décadas.[78]

Sin embargo, estos factores no podían explicar por sí solos el calentamiento en las últimas décadas. De forma similar, el forzamiento antropogénico, por sí solo, era insuficiente para explicar el calentamiento entre 1910-1945, pero era necesario para simular el calentamiento desde 1976. El equipo de Stott encontró que combinando todos estos factores se podía obtener una simulación cercana a la realidad de los cambios de temperatura globales a lo largo del siglo XX. Predijeron que las emisiones continuadas de gases invernadero podían causar incrementos de temperatura adicionales en el futuro «a un ritmo similar al observado en las décadas recientes».[79]

En 2008 apareció un estudio (Lean y Rind, 2008) que reevaluaba la influencia de los fenómenos naturales en el calentamiento, dando como resultado que la actividad solar, lejos de contribuir al mismo, podrían incluso haber enfriado el clima ligeramente. Una continuación del mismo estudio que se publicará en 2009 pronostica que los ciclos esperados tanto de actividad solar como del ENSO provocarán un calentamiento más intenso durante cinco años, en contraste con los siete anteriores, donde dicha actividad lo contrarrestó.[80]
Otras hipótesis

Se han propuesto otras hipótesis en el ámbito científico:

* El incremento en temperatura actual es predecible a partir de la teoría de las Variaciones orbitales, según la cual, los cambios graduales en la órbita terrestre alrededor del Sol y los cambios en la inclinación axial de la Tierra afectan a la cantidad de energía solar que llega a la Tierra.[cita requerida]
* El calentamiento se encuentra dentro de los límites de variación natural y no necesita otra explicación particular.[81]
* El calentamiento es una consecuencia del proceso de salida de un periodo frío previo, la Pequeña Edad de Hielo y no requiere otra explicación.[cita requerida]

Algunos escépticos argumentan que la tendencia al calentamiento no está dentro de los márgenes de lo que es posible observar (dificultad de generar un promedio de la temperatura terrestre para todo el globo debido a la ausencia de estaciones meteorológicas, especialmente en el océano, sensibilidad de los instrumentos a cambios de unas pocas decenas de grados celsius), y que por lo tanto no requiere de una explicación a través del efecto invernadero.[cita requerida]
Consideraciones generales
Teorías y objeciones

El 15 de junio del 2009 la Fundación BBVA[82] le otorgó al investigador estadounidense Wallace Broecker el premio Fronteras del Conocimiento por haber sido el primero en utilizar la expresión «calentamiento global» en un artículo publicado en la revista Science, en 1975 con el título «Cambio climático: ¿estamos al borde de un calentamiento global pronunciado?» (Broecker, 1975).

El IPCC de la ONU y Al Gore recibieron conjuntamente el Premio Nobel de la Paz de 2007 «por sus esfuerzos por aumentar y propagar un mayor conocimiento sobre el cambio climático causado por el hombre y poner los cimientos para las medidas que son necesarias para contrarrestar dicho cambio». El presidente del IPCC, en su conferencia de aceptación del Nobel, expresó el «tributo a los millares de expertos y científicos que han contribuido al trabajo (del grupo intergubertamental del IPCC) durante casi dos décadas» y señaló que una de las fuerzas principales del IPCC son los procedimientos y las prácticas que se han establecido durante los pasados años.[83] Al Gore es autor de Earth in the Balance (La Tierra en juego) y el documental Una verdad incómoda.

El calentamiento global es objeto de una creciente controversia, por sus repercusiones económicas y las bases científicas de quienes lo avalan y quienes lo niegan. Existe un amplio debate social y político sobre la cuestión, y aunque hay quien sostiene que la comunidad científica internacional ha llegado a un consenso científico suficiente,(Oreskes, 2004) existen numerosos disidentes de la calentología.[84]

Estas acciones y medidas se engloban dentro del Protocolo de Kioto sobre el cambio climático, que intenta tener cierto efecto sobre el clima futuro y llevar a cabo otras medidas posteriormente. Se piensa que el daño medioambiental tendrá un impacto tan serio que deben darse pasos inmediatamente para reducir las emisiones de CO2, a pesar de los costos económicos para las naciones. Por ejemplo Estados Unidos, que produce mayores emisiones de gases de efecto invernadero que cualquier otro país, en términos absolutos, y es el segundo mayor emisor per cápita después de Australia.

Los economistas también han alertado de los efectos desastrosos que tendrá el cambio climático sobre la economía mundial con reducciones de hasta un 20% en el crecimiento, cuando las medidas para evitarlo no sobrepasarían el 1%.[85] Los daños económicos predichos provendrían principalmente del efecto de las catástrofes naturales, con cuantiosas pérdidas de vidas humanas, por ejemplo en Europa.[86]

Existen opiniones, como las del danés Bjørn Lomborg, que ponen en duda el supuesto calentamiento basándose en los mismos datos usados por los defensores del calentamiento global. La revista Scientific American llegó a dedicar una durísima crítica al libro de Bjørn Lomborg (enero de 2002), donde los autores de los informes citados por el autor, le acusan de falsearlos o malinterpretarlos,[87] a la cual el propio Lomborg respondió punto por punto.[88]

Algunos científicos defienden que no están demostradas las teorías que predicen el incremento futuro de las temperaturas, argumentando que las diferencias del índice de calentamiento en el próximo siglo entre los diferentes modelos informáticos es de más del 400%. Sin embargo, hay quien sostiene que en este argumentario omiten que esta horquilla de variación siempre recoge aumentos significativos de la temperatura.[cita requerida] Estos científicos escépticos han sido acusados de estar financiados por consorcios petroleros[89] o presionados por sus fuentes de financiación públicas como el gobierno de los EE. UU.[90] Naomi Orestes sostiene que sus estudios no han conseguido abrirse paso en el sistema de revisión por pares de las publicaciones científicas (Oreskes, 2004).
Los cálculos de Wigley

T. M. L. Wigley, del NCAR,[91] publicó en 1998[92] los resultados de la aplicación de un modelo climático a los efectos del Protocolo de Kioto, distinguiendo tres casos en el comportamiento de los países del anexo B del protocolo (los industrializados):

1. que el cumplimiento del protocolo fuera seguido por una sujeción a sus límites, pero sin nuevas medidas de reducción;
2. que el protocolo fuera cumplido, pero no seguido de ninguna limitación (sino de lo que se llama en inglés bussiness as usual);
3. que el protocolo, una vez cumplido, se continuara con una reducción de las emisiones del 1% anual.

Las reducciones del calentamiento previsto por el modelo para 2050 (2,5 °C) eran respectivamente 0,11-0,21 °C (aproximadamente 6%), 0,06-0,11 °C (3%) y alrededor de 0,35 °C (14%). En todos los casos los resultados son muy modestos. Los llamados escépticos se atuvieron al segundo caso (3% de 2,5 °C, es decir, 0,7 °C) y lo esgrimieron sistemáticamente como prueba de la inutilidad del protocolo de Kioto. Fue usado por ejemplo, en el Congreso de Estados Unidos, aún bajo administración Clinton, para parar la adhesión a Kioto.[93] Wigley es citado por los opuestos a cualquier regulación para declarar que el protocolo de Kyoto es innecesario, por inútil, en contra de la conclusión del propio Wigley para quien es insuficiente, pero aun así es «importante como primer paso hacia la estabilización del sistema climático».[92] El propio Wigley ha revisado la cuestión en un trabajo más reciente,[94] concluyendo que «para estabilizar las temperaturas medias globales, necesitamos finalmente reducir las emisiones de gases de invernadero muy por debajo de los niveles actuales de todo el mundo y los establecidos».
Modelos climáticos
Artículo principal: Modelo climático

La investigación del clima ha utilizado computadoras desde el comienzo de la informática para aplicar modelos matemáticos complejos (Le Treut, 1997). La causa más obvia es que el clima es un fenómeno tremendamente complejo, afectado por multitud de factores, y desde los principios de la meteorología se sabía que la manera de predecir el tiempo era mediante complicadas herramientas matemáticas. Por desgracia, pronto se tuvo constancia de que las dinámicas climáticas resultaban muy afectadas por ínfimos errores de medida, lo que más tarde sería llamado la teoría del caos (Shukla, 1998). Afortunadamente, los patrones a gran escala están muy condicionados por factores muy constantes como es la temperatura en superficie, lo que hace más predecibles los cambios de clima como el fenómeno de El Niño o el mismo calentamiento global.

A la hora de modelizar el clima planetario, se tiene el problema de que todos los fenómenos atmosféricos afectan en mayor o menor medida al clima del planeta, así como factores externos como la radiación solar, luego para desarrollar un buen modelo predictivo, éste ha de tener escala planetaria. Otro gran problema es que sólo conocemos un mundo como el nuestro, así que para validar esos modelos sólo podemos tener en cuenta cambios climáticos pasados y combinar conocimientos de muy diversas áreas, como la meteorología, la astronomía, la geología, la paleontología o la biología (The Economist, 1994).

El uso de modelos es muy criticado desde fuera del ámbito científico (Le Treut, 1997) bajo la acusación de ser una mera abstracción de la realidad con mucha incertidumbre. Es cierto que la naturaleza caótica de estos modelos hace que en sí tengan una alta proporción de incertidumbre (Stainforth et ál., 2005)(Roe y Baker, 2007), pero no es óbice para que sean capaces de prever exitosamente fenómenos complejos (Shukla, 1998), ni para que sean la herramienta principal de cara a predecir cambios significativos futuros (Schnellhuber, 2008)(Knutti y Hegerl, 2008) que tengan consecuencias tanto económicas (Stern, 2008) como las ya observables a nivel biológico (Walther et ál., 2002)(Hughes, 2001). De hecho, su principal limitante ha sido siempre la potencia de cálculo de las computadoras disponibles, mientras que el aparato físico-matemático en el que se basan no ha sufrido grandes alteraciones a lo largo de los años (Shukla, 1998).

Los modelos citados por el IPCC (IPCC, 2007, p. 6) muestran que el clima tiene cierta variabilidad natural, pero que el efecto de los GEI ha sido decisivo para la subida de temperatura observada en las últimas décadas.

En adición existe el proyecto voluntario Climateprediction.net o CPDN que es un proyecto de computación distribuida que busca investigar y reducir las incertidumbres en el modelado de predicciones climáticas corriendo cientos de miles de modelos en computadoras personales mientras éstas están inactivas.[95] Similar al proyecto SETI@home.


La relación entre el calentamiento global y la reducción de ozono
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Aunque se menciona frecuentemente en la prensa popular una relación entre el calentamiento global y la reducción de ozono, esta conexión no es fuerte. Existen tres áreas de enlace:

* El calentamiento global producido por el forzamiento radiativo por CO2 se espera que enfríe (quizás sorprendentemente) la estratosfera. Esto, a cambio, podría darnos lugar a un incremento relativo en la reducción de ozono, y en la frecuencia de agujeros de ozono.

* A la inversa, la reducción de ozono representa un forzamiento radiativo del sistema climático. Hay dos efectos opuestos: La reducción de la cantidad de ozono permite la penetración de una mayor cantidad de radiación solar, la cual calienta la troposfera. Pero una estratosfera más fría emite menos radiaciones de onda larga, tendiendo a enfriar la troposfera. En general, el enfriamiento predomina. El IPCC concluye que las pérdidas estratosféricas de ozono durante las dos décadas pasadas han causado un forzamiento negativo del sistema de la superficie troposférica.
* Una de las predicciones más sólidas de la teoría del calentamiento global es que la estratosfera debería enfriarse. Sin embargo, y aunque este hecho ha sido observado, es difícil atribuirlo al calentamiento global (por ejemplo, el calentamiento inducido por el incremento de radiación solar podría no tener este efecto de enfriamiento superior), debido a que un enfriamiento similar es causado por la reducción de ozono.

Soluciones domésticas para reducir la emisión de CO2
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Algunas de las soluciones que cada individuo de las sociedades más avanzadas pueden aplicar para controlar la producción de CO2, siempre que sea posible, son:

* Cambiar las bombillas tradicionales por otras de bajo consumo (compactas fluorescentes, o LED's). Las CFL, consumen 60% menos electricidad que una bombilla tradicional, con lo que este cambio reduciría la emisión de dióxido de carbono en 140 kilos al año.
* Poner el termostato con dos grados menos en invierno y dos grados más en verano. Ajustando la calefacción y el aire acondicionado se podrían ahorrar unos 900 kilos de dióxido de carbono al año.
* Evitar el uso del agua caliente. Se puede usar menos agua caliente instalando una ducha-teléfono de baja presión y lavando la ropa con agua fría o tibia.
* Utilizar un colgador/tendedero en vez de una secadora de ropa. Si se seca la ropa al aire libre la mitad del año, se reduce en 320 kilos la emisión de dióxido de carbono al año.
* Comprar productos de papel reciclado. La fabricación de papel reciclado consume entre 70% y 90% menos energía y evita que continúe la deforestación mundial.
* Comprar alimentos frescos. Producir comida congelada consume 10 veces más energía.
* Evitar comprar productos envasados. Si se reduce en un 10% la basura personal se puede ahorrar 540 kilos de dióxido de carbono al año.
* Utilizar menos los aparatos eléctricos; al menos, los encaminados exclusivamente al ocio. Desconectar los aparatos de radio, televisión, juegos, etc. a los que no se esté prestando atención en ese momento.
* Elegir un vehículo de menor consumo. Un vehículo nuevo puede ahorrar 1360 kilos de dióxido de carbono al año si este rinde 2 kilómetros más por litro de combustible (lo mejor sería comprar un vehículo híbrido o con biocombustible).
* Conducir de forma eficiente: utilizando la marcha adecuada a la velocidad, no frenar ni acelerar bruscamente, y en general intentar mantener el número de revoluciones del motor tan bajo como sea posible.
* Evitar circular en horas punta.
* Usar menos el automóvil. Caminar, ir en bicicleta, compartir el vehículo y usar el transporte público. Reducir el uso del vehículo propio en 15 kilómetros semanales evita emitir 230 kilos de dióxido de carbono al año.
* Elegir una vivienda cerca del centro de trabajo o de educación de nuestros hijos.
* No viajar frecuentemente ni lejos por puro placer. Desde hace unos 20 años el hábito de viajar en avión se ha extendido de tal forma, y en ocasiones a precios tan bajos, que las emisiones de gases debidas a los aviones se han incrementado en más de un 200%.
* Revisar frecuentemente los neumáticos. Una presión correcta de los neumáticos mejora la tasa de consumo de combustible en hasta un 3%. Cada litro de gasolina ahorrado evita la emisión de tres kilos de dióxido de carbono.
* Plantar árboles. Una hectárea de árboles, elimina a lo largo de un año, la misma cantidad de dióxido de carbono que producen cuatro familias en ese mismo tiempo. Un solo árbol elimina una tonelada de dióxido de carbono a lo largo de su vida.[96]
* Exigir un certificado ambiental de edificios contribuye a la reducción de emisiones ya que se estima que el 50% del problema es originado por la construcción y funcionamiento de edificios y ciudades. Esto implica que al momento de adquirir o rentar una vivienda o edificio debemos exigir una certificación o etiquetado que indique el contenido energético del bien y el necesario para funcionar. De manera similar a la que ya se implementa en refrigeradores, motores eléctricos, lámparas eléctricas y otros.